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jueves, 24 de septiembre de 2026

Dismorfofobia


De pronto, una joven aparentemente normal comienza a pasar horas frente al espejo, examinando una diminuta cicatriz en su mentón, imperceptible para todos menos para ella, pero fundamental hasta el punto de hacer que su autoaceptación y su vida entera giren en torno a ella. Deja su empleo y se aísla, convencida de que su rostro provoca repulsión.

La dismorfofobia es una prisión mental en la que una percepción distorsionada eclipsa la realidad y termina tiñendo el mundo entero. 

La persona puede llegar a corregir aquello que considera un defecto, pero es muy probable que, posteriormente, encuentre otro en el que vuelva a concentrar su obsesión.

martes, 7 de julio de 2026

Un silencio incómodo en Chile

En 2019 las calles fueron escenario de una inmensa movilización social. La denominada revuelta popular se configuró como un grito colectivo que sacudió al país entero. Hoy, en contraste, reina un silencio inquietante. ¿Se apagó el malestar? Probablemente no. Al parecer lo que cambió no es lo que sentimos, sino cómo lo expresamos.

Las encuestas muestran que vivimos uno de los momentos de mayor tensión desde el retorno a la democracia. Sin embargo, las avenidas están vacías. El desempleo, los escándalos políticos, la corrupción y las alzas de precios ya no logran movilizar multitudes. El malestar sigue ahí, pero se esconde bajo la superficie, se transforma en ansiedad, desesperanza, agresión, delincuencia y cinismo.

La salud mental de los chilenos está en riesgo. El estallido dejó heridas abiertas, y la pandemia profundizó ese desgaste emocional. Lo que antes se gritaba en la calle hoy se sufre en silencio, en la consulta psicológica o, peor aún, se canaliza en conductas destructivas e indeseables para la mayoría de la población.

Al parecer, no es que a los chilenos ya no nos importe. Es que muchos dudamos de que expresarlo sirva para algo. Así surge una sensación peligrosa: la impotencia, la creencia de que nada cambia el resultado. Y cuando una sociedad deja de confiar en que el cambio es posible, la esperanza se erosiona poco a poco, casi sin ruido, pero dramáticamente.

Este fenómeno no es solo político: es profundamente psicológico. Porque cuando la confianza y la esperanza se quiebran, lo que se resiente no es únicamente la democracia, sino también la motivación, la salud mental de millones de personas.

La gran pregunta sigue abierta: ¿cómo se reconstruye la esperanza colectiva? ¿Qué necesita una sociedad para volver a creer que sus acciones tienen sentido?

Chile vive un silencio que duele. Y ese dolor, si no encuentra una salida, puede convertirse en la herida más profunda de todas: la pérdida del deseo de mejorar en el futuro.

Psicólogo J. Abraham Salazar Correa
www.suterapia.cl 

miércoles, 24 de junio de 2026

Miedo y ansiedad, dos experiencias que pueden ser confundidas.


Es muy común que las personas que sufren algún trastorno de ansiedad confundan miedo y ansiedad. Es comprensible la confusión, ambas experiencias se sienten en el cuerpo, ambas incomodan, y ambas, pueden generar deseo de huir. 

Una de las cosas importantes a elaborar al respecto en el trabajo psicológico, es que son experiencias profundamente distintas, entender esa diferencia puede cambiar mucho la forma de relacionarnos con lo que sentimos

El miedo es una emoción antigua y necesaria que tenemos los seres humanos. Aparece cuando percibimos un peligro concreto frente a nosotros y su función es clara: nos prepara para reaccionar, ya sea enfrentando la amenaza o alejándonos de ella. El miedo es inmediato, intenso y desaparece cuando desaparece la amenaza. En ese sentido, el miedo es sano, necesario y útil para sobrevivir.

La ansiedad, en cambio, no necesita un peligro real para aparecer. Vive en escenarios que construimos en nuestra mente antes de que ocurran, y que quizás, nunca ocurrirán. Es como una voz interna que pregunta constantemente: ¿y si me va mal en el trabajo?, ¿y si me enfermo?, ¿y si pierdo el control en público?, ¿y si no soy suficiente?

A diferencia del miedo, la ansiedad puede permanecer sin un estímulo externo concreto. Puede convertirse en un estado casi permanente de alerta, tensión, de espera ante algo que no llega. Y eso, con el tiempo, genera un inmenso desgaste.

Lo más importante es que sentir miedo o ansiedad en momentos puntuales es completamente normal. Son experiencias humanas. Sin embargo, hay señales que indican en consulta, cuando los pensamientos sobre el peligro no corresponden con estímulos objetivos. Cuando la mente interpreta como amenazante algo que, no necesariamente, no lo es. Esto, a menudo va de la mano con la interferencia que empieza generar la ansiedad en la vida amorosa y laboral de los consultantes. Llega un momento en que ya no pueden disfrutar ni siquiera de las cosas más simples de la vida cotidiana. Otra característica de la ansiedad es que es persistente, es decir, está presente todo el día, constituyéndose en un problema para la salud mental. En algunos casos la ansiedad puede llegar a manifestarse de forma súbita, impredecible y muy interesa, generando crisis de pánico. Estas crisis aparecen sin ningún motivo aparente que las explique. Es frecuente que estos fenómenos estén acompañados de hipersensibilidad. Es decir, cuando situaciones que para la mayoría son cotidianas e inofensivas generan en el afectado de un trastorno de ansiedad, muchas veces con crisis de angustia, una reacción intensa y difícil de manejar.

Lo más importante es que si sufres de un trastorno de ansiedad, debes recordar que es un fenómeno complejo. No estás exagerando. No estás loco ni loca. Lo que sientes tiene nombre, tiene explicación y, lo más importante, tiene tratamiento.

Reconocer la diferencia entre un miedo normal y una ansiedad que ya te está limitando es el primer paso. El segundo es no cargarlo solo. Pedir ayuda es una decisión valiente e inteligente, el inicio de un tratamiento positivo.

Buscar ayuda es el primer paso pues, en general estos problemas tienen buen pronóstico cuando los tratas con la asesoría profesional pertinente. 

J. Abraham Salazar Correa 
Psicólogo 
www.suterapia.cl 

sábado, 25 de abril de 2026

Para comprender la conducta de las masas.

Por el Psicólogo Jorge Salazar. www.suterapia.cl 

Los grupos numerosos tienden a experimentar procesos regresivos que se manifiestan en comportamientos de carácter infantil. Le Bon (1895) sostiene que la regresión psicológica de los grandes grupos humanos se caracteriza por una pérdida de la identidad individual, el debilitamiento o desaparición del sentido de la realidad y el fomento del pensamiento mágico. En este estado, las personas en masa tienden a perder su racionalidad individual, adoptando comportamientos, emociones y opiniones del grupo, lo que da lugar a acciones impulsivas y menos responsables (Le Bon, 1895). Freud (1921), por su parte, asimiló el funcionamiento de las masas a la infancia y a los estados neuróticos, señalando que la afectividad queda extraordinariamente intensificada mientras que la actividad intelectual se ve notablemente limitada. Esta perspectiva encuentra un complemento significativo en el pensamiento de Deleuze y Guattari (1972), quienes desde el esquizoanálisis sostienen que las masas pueden llegar a invertir el deseo inconsciente contra sus propios intereses, reproduciendo estructuras de dominación y sometimiento que las mantienen en una posición de dependencia y pasividad; a este tipo de colectivo lo denominaron "grupo sometido", en contraposición al "grupo-sujeto", capaz de orientar sus catexis libidinales hacia una transformación genuina de su realidad (Deleuze y Guattari, 1972). De este modo, el comportamiento infantil de las masas no es solo una pérdida espontánea de racionalidad, sino también, como señalan Deleuze y Guattari (1972), el resultado de una interiorización profunda de la represión que opera en escalones sucesivos desde el poder hasta los propios integrantes del colectivo. Frente a esta problemática, Freud (1921) ejemplificó la necesidad de la organización de las masas para asegurar su madurez y permanencia en el tiempo. Es necesario trabajo y establecimiento de normas que en conjunto con la experiencia de las masas le permitan prevenir la disolución e impedir alteraciones amenazantes, señalando así que la organización es la herramienta que permite encauzar y madurar al colectivo. No obstante, es fundamental reiterar que dicha madurez no se alcanza de manera inmediata. Este es un proceso que requiere acompañamiento y persistencia. Reconocer que pueden existir avances y retrocesos es tan importante, como lo es no perder la motivación, ni mucho menos, dirigir la hostilidad hacia las masas cuando, producto de la desorganización u otros factores, retroceden.


Referencias

Deleuze, G., y Guattari, F. (1972). El Anti-Edipo: capitalismo y esquizofrenia. Paidós.
Freud, S. (1921). Psicología de las masas y análisis del yo. Amorrortu.
Le Bon, G. (1895). Psicología de las masas. Morata.


domingo, 11 de enero de 2026

El nacimiento de una disciplina.


El artículo “La liberación de las locas: La dignidad por la palabra en Freud” (Ávila Castillo & Ovalle Valdés, 2021) traza la transición desde la histeria exhibida en la Salpêtrière hasta el psicoanálisis freudiano. De espectáculos médicos a la abreacción, como descarga catártica de afectos reprimidos mediante el recuerdo verbal consciente. Este transcurso implica dignificar la voz femenina reprimida. Un hito ético en la psicología.

El artículo “La liberación de las locas: La dignidad por la palabra en Freud”, publicado en la Revista Gradiva N°2 de 2021 (disponible en 2022), de la Sociedad Chilena de Psicoanálisis (ICHPA), explora la evolución del tratamiento de la histeria hasta el psicoanálisis, valorando la palabra de las pacientes. Sus autores: Valeria Ávila Castillo y Christian Ovalle Valdés. Recorren desde los espectáculos en la Salpêtrière hasta la abreacción freudiana .

De "locas" enjauladas a voces libres: Freud y la revolución de la palabra. 

Imagina la Salpêtrière en el París del siglo XIX: un viejo convento transformado en cárcel para mujeres marginadas, como prostitutas, epilépticas y pobres sin recursos. Allí, Jean-Martin Charcot, conocido como el "Napoleón de la neurología", las convertía en protagonistas de un espectáculo siniestro.

El espectáculo de las histéricas.

Charcot las hipnotizaba para desencadenar "crisis" dramáticas: convulsiones y poses apasionadas. Las fotografiaba desnudas, expuestas como curiosidades ante médicos y la alta sociedad, casi como animales en un circo. Su cuerpo en agonía era el centro de atención, pero sus palabras... nadie las escuchaba. ¿Esto era ciencia o un simple morbo disfrazado? ​

Freud escucha de verdad.

Sigmund Freud visitó ese lugar y decidió ir más allá. Junto a Josef Breuer, en Estudios sobre la histeria (1895), creó la abreacción: la paciente revive sus traumas y libera emociones reprimidas simplemente hablando libremente. Basta de hipnosis clásica autoritaria; ahora, su propia voz era la cura. La palabra, por fin, devolvía dignidad. 

Una lección generalizable.

Aquí en Chile, el artículo de la Revista Gradiva (2021) trae la reflexión histórica a nuestra realidad: Debemos aún pasar de silenciar voces a escucharlas de verdad. Ávila Castillo y Ovalle Valdés nos preguntan: ¿hoy oímos el dolor de los excluidos como lo hizo Freud? Un giro ético que resuena fuerte .
¡Comparte si te hace repensar cómo tratamos la salud mental hoy en día!


Referencias APA

Ávila Castillo, V., & Ovalle Valdés, C. (2021). La liberación de las locas: La dignidad por la palabra en Freud. Revista Gradiva, (2), 1-20. 
https://gradiva.cl/wp-content/uploads/2023/08/Gradiva_2021-N2.pdf
Freud, S., & Breuer, J. (1895). Estudios sobre la histeria. Amorrortu Editores .
BBC Mundo. (2021, mayo 29). “El teatro de las locas”: el oscuro experimento de los inicios de la psiquiatría. 
https://www.bbc.com/mundo/noticias-57160451
 

martes, 30 de diciembre de 2025

La perversión del voyeurismo, psicología conductual y cognitivo-conductual.

Entrar a una sala de espejos, utilizada para formación y trabajo de terapeutas de orientación conductista, cognitiva o cognitivo-conductual, es ingresar a un juego de reflejos infinitos.
Una sala espejo o cámara Gesell es un espacio con dos habitaciones separadas por un espejo unidireccional, que permite observar y grabar conductas sin que las personas observadas perciban al observador. 
En este contexto, cada movimiento se multiplica, cada gesto se devuelve distorsionado, y uno se ve atrapado en una mirada sin salida. Este espacio, aparentemente lúdico, puede ser leído desde la psicología como una metáfora del deseo de verse y ser visto, propio de la estructura perversa, psicopática ó asociada a los trastornos de la personalidad, específicamente al voyeurismo.
El voyeurismo, entendido como la excitación o satisfacción obtenida al observar sin ser descubierto, habla del poder de la mirada como forma de dominación y control. En el espejo, el sujeto se enfrenta a su propia imagen, pero lo que busca no es tanto el reconocimiento, sino la sensación de observar “desde afuera” lo que, supone, le pertenece. Así, el espejo se convierte en escenario y trampa: ofrece la ilusión de dominio cuando, en realidad, devuelve al sujeto su dependencia de la mirada ajena.
En una sala de espejos, el voyeur contemporáneo no necesita otro cuerpo; bastan su reflejo y la multiplicación de imágenes que lo contemplan desde todos los ángulos. Esta experiencia revela el carácter narcisista del voyeurismo moderno, donde el objeto del deseo se confunde con el propio yo. La frontera, el límite, entre mirar y ser mirado se difumina, mostrando que el otro, en última instancia, también habita dentro del observador.
La proliferación de pantallas, selfies y redes sociales ha trasladado esta sala de espejos al espacio digital. Hoy, todos participamos del juego voyeurista: exhibimos, miramos, ocultamos. Quizás, como en los viejos laberintos de espejos, nuestra mayor amenaza no sea perdernos entre los reflejos, sino olvidar cuál de ellos somos realmente. 
Este complejo fenómeno es uno de los muchos tratables por la psicología, en el que los terapeutas profesionales podemos servir en el camino a la salud y el bienestar. 

Jorge Abraham Salazar.
Psicólogo 


domingo, 5 de octubre de 2025

Honorarios del terapeuta en el tratamiento psicológico.

He visto varios videos de profesionales de la psicología refiriéndose a los honorarios del terapeuta, dejando ver una falta de referentes al respecto y la tensión que genera la temática. Esto, desde mi perspectiva demuestra una carencia en la formación del profesional de la psicología en el oficio de la terapia. En consecuencia, parece fortalecida la hipótesis de que no es suficiente con la formación en el aula de la facultad o universidad, sino la práctica y supervisión en el ejercicio y adquisición de experiencia en el oficio terapéutico.
Es muy importante, al respecto destacar que el cobro de honorarios debe ser claro, fijo y acordado con el consultante. Este es un acto profesional esencial (Freud, s.f.). El pago no solo cubre el trabajo del terapeuta sino que tiene una función simbólica: compromete al paciente emocionalmente y sostiene la relación terapéutica. Este pago sitúa el análisis en el marco del deseo, pues representa un reconocimiento del valor del tratamiento y evita confundir la transferencia con cuestiones económicas (Freud, s.f.; Lacan, citado en Sauval, s.f.). Atendiendo a lo anterior, tenemos que concordar con Freud cuando advierte que la gratuidad puede complicar la terapia, pues obstaculiza el compromiso del paciente y dificulta mantener la estructura del tratamiento, haciendo más complejo el trabajo, especialmente en casos difíciles (Freud, s.f.; Crónicas Psicoanalíticas, 2020).

Esta dinámica del pago refleja la importancia del deseo implicado en la relación terapéutica. Pagar "por nada" —sin un objeto concreto— significa comprometerse simbólicamente, lo que permite sostener la transferencia y el avance de la terapia. Por ende, el honorario debe responder tanto a la complejidad del caso como al deseo desplegado en la cura, siendo un soporte técnico y simbólico que asegura la viabilidad y eficacia del tratamiento (Sauval, s.f.; ElSigma, 2025).

Por consiguiente, la fijación de honorarios adecuados no es solo una cuestión económica sino un componente estructural que protege la integridad del proceso y garantiza la continuidad del trabajo terapéutico.

Hablar claramente y desde el inicio del trabajo con nuestro paciente en relación a la fijación de los honorarios del terapeuta, abre pie a una relación de confianza, claridad, apertura y compromiso. 

Jorge Salazar. 
Psicólogo. 
www.suterapia.cl 


Referencias

Crónicas Psicoanalíticas. (2020). Dinámica y problemática de los honorarios en psicoanálisis. https://cronicaspsicoanaliticas.blogspot.com/2020/05/dinamica-y-problematica-de-los.html

ElSigma. (2025). El pago como acto | Introducción al Psicoanálisis. https://www.elsigma.com/introduccion-al-psicoanalisis/el-pago-como-acto/12177

Freud, S. (s.f.). [Consideraciones sobre los honorarios del psicoanalista].

Sauval, M. (s.f.). Deseo del analista y dinero. https://www.acheronta.org/acheronta17/sauval.htm




lunes, 4 de agosto de 2025

Del escrito 1 de Lacan. Una invitación a ir más allá del prejuicio.



Desde mi experiencia, acercarme al texto  cardinal, primer escrito de Jacques Lacan sobre la psicosis paranoica es, siempre, un retorno a las raíces del pensamiento clínico profundo. En este texto, Lacan nos invita a contemplar la paranoia no como un simple trastorno, sino como una estructura singular del sujeto y su relación con el mundo. (Lacan, 1932/1975, p.74).

Lo que más resalta para mí es cómo Lacan entiende la paranoia como una forma de organizar un mundo fragmentado, una respuesta desesperada del sujeto para recuperar un sentido ante la amenaza que siente del Otro. No se trata solo de síntomas, sino de una lógica interna que sostiene el delirio y que debemos escuchar con respeto y atención. 

Lacan distingue causas importantes en la eclosión de la psicosis: los detonantes ocasionales, como crisis vitales o factores orgánicos; las causas eficientes, que son los conflictos afectivos profundos y la historia personal; y las causas específicas, que son singularidades estructurales de cada paciente.

Además, Lacan introduce un concepto esencial: la función del significante en la constitución del sujeto paranoico. Al no integrar ciertos significantes clave dentro del orden simbólico, el sujeto queda atrapado en un circuito delirante, buscando reinstaurar un sentido perdido. Esta idea ha abierto caminos para comprender la psicosis más allá del diagnóstico médico tradicional, humanizando el padecimiento y ofreciendo una escucha clínica sensible y ética.

En mi práctica, comprender esta perspectiva ha enriquecido mi manera de entender y acompañar a quienes atraviesan la experiencia psicótica. Lacan no solo nos da categorías diagnósticas, sino una invitación a reconocer la subjetividad única de cada persona, siempre en búsqueda de orden y sentido, aunque el camino parezca fragmentado.

Este primer escrito, para quien se adentre en él, es una fuente inagotable de reflexión clínica y humanización del saber psicoanalítico. Un texto que todo psicólogo debería conocer. 

Jorge Salazar.

Psicólogo

www.suterapia.cl 

Lacan, J. (1975). De la psicosis paranoica en sus relaciones con la personalidad. En Escritos I (pp. 61-138). Siglo XXI.