En la administración prolongada de
fármacos, se producen cambios en la estructura y funcionamiento del cuerpo
humano. Dejamos de ser quienes somos.
Los receptores celulares son proteínas,
extensiones de las membranas de las células. Cuando las sustancias químicas de
los fármacos se unen, por afinidad a esos receptores, producen cambios de
conformación química que permite el funcionamiento de dicho fármaco, es decir
el efecto.
Sin embargo cuando los receptores
celulares disponen de demasiada sustancia química disponible para ellos (por
administración de fármacos prolongada) La célula ordena que se
produzcan menos receptores, y por tanto disminuye el efecto del fármaco. Se
debe, entonces, subir la dosis. El gran problema es que para que los fármacos
salgan del organismo deben ser destruidos, y eliminados, procesos que se
desarrollan principalmente en el hígado y los riñones. Por tanto la
administración de fármacos de manera creciente a causa de la regulación a la
baja (mecanismo por el que se producen menos receptores), produce que cada vez
se esfuercen más los riñones y el hígado. Efectivamente la administración
prolongada de fármacos no solo puede
producir que dejen de generar efecto a la misma dosis, sino también problemas
renales y hepáticos muy graves.
De ahí que el remedio fácil, el de los
fármacos, para cuestiones que pueden ser tratadas sin ellos, puede terminar
siendo el remedio más costoso. Productor de daños irreparables.
Esto está planteado para todos los fármacos,
en el caso de los psicofármacos, les dejo este video para que se hagan una
opinión.
No juegues con fármacos y acude a un
buen profesional, puede ser cuestión de vida o muerte.
Jorge Salazar
Psicólogo Clínico y Terapeuta Familiar.
