Un amigo me preguntó que podía leer para
entender algo de psicoanálisis. Si bien yo no soy psicoanalista, he accedido a
alguna formación en ese dominio. Una buena lectura para iniciar alguna idea al
respecto es el texto de Freud “1° Conferencia de Introducción al Psicoanálisis”.
Esta es una buena lectura, pues se desprende de conferencias realizadas por
Freud en un lenguaje muy simple. Por otra parte, fueron conferencias entregadas
a médicos, es decir personas que no saben nada de psicoanálisis. Dejo una cita
que me parece aclara, a groso modo, de que trata el asunto. No esta demás
informarse:
“En la enseñanza médica se han
habituado ustedes a ver. Ven el preparado anatómico, el precipitado en la
reacción química, la contracción del músculo como resultado de la estimulación
de sus nervios. Más tarde, se exhiben a los sentidos de ustedes los enfermos,
los síntomas de su enfermedad, los productos del proceso patológico y, en
muchos casos, hasta el agente de la enfermedad en su estado aislado. En los
departamentos de cirugía son testigos de las intervenciones mediante las cuales
se procura aliviar al enfermo, y tal vez ustedes mismos ensayen ejecutarlas.
También en la psiquiatría la presentación del enfermo con sus muecas, sus modos
de decir y su conducta alterados les sugiere una multitud de observaciones que
dejarán en ustedes una impresión profunda. Así, el profesor de medicina
desempeña predominantemente el papel de un guía y de un intérprete que los
acompaña por un museo mientras ustedes obtienen un contacto inmediato con los
objetos, y, por medio de su propia percepción, se sienten convencidos de la
existencia de los nuevos hechos.
Por
desdicha, en el psicoanálisis todo es diverso. En el tratamiento analítico no
ocurre otra cosa que un intercambio de palabras entre el analizado y el médico.
El paciente habla, cuenta sus vivencias pasadas y sus impresiones presentes, se
queja, confiesa sus deseos y sus mociones afectivas. El médico escucha, procura
dirigir las ilaciones de pensamiento del paciente, exhorta, empuja su atención
en ciertas direcciones, le da esclarecimientos y observa las reacciones de
comprensión o rechazo que de ese modo provoca en el enfermo. Los parientes
incultos de nuestros enfermos a quienes solamente les impresiona lo que se ve y
se palpa, de preferencia las acciones como se ven en el cinematógrafo, nunca
dejan de manifestar su duda de que «meras
palabras puedan lograr algo con la enfermedad». Desde luego, es una reflexión
tan miope como inconsecuente. Es la misma gente que sabe, con igual seguridad,
que los enfermos «meramente imaginan» sus síntomas. Las palabras fueron
originariamente ensalmos, y la palabra conserva todavía hoy mucho de su antiguo
poder ensalmador. Mediante palabras puede un hombre hacer dichoso a otro o
empujarlo a la desesperación, mediante palabras el maestro trasmite su saber a
los discípulos, mediante palabras el orador arrebata a la asamblea y determina
sus juicios y sus resoluciones. Palabras despiertan sentimientos y son el medio
universal con que los hombres se influyen unos a otros. Por eso, no
despreciemos el empleo de las palabras en la psicoterapia y démonos por
satisfechos sí podemos ser oyentes de las palabras que se intercambian entre el
analista y su paciente.” Sigmund Freud (1916[1915])
Recomiendo leer texto completo.
Jorge Salazar
Psicólogo Clínico y Terapeuta Familiar.
