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miércoles, 24 de junio de 2026

Miedo y ansiedad, dos experiencias que pueden ser confundidas.


Es muy común que las personas que sufren algún trastorno de ansiedad confundan miedo y ansiedad. Es comprensible la confusión, ambas experiencias se sienten en el cuerpo, ambas incomodan, y ambas, pueden generar deseo de huir. 

Una de las cosas importantes a elaborar al respecto en el trabajo psicológico, es que son experiencias profundamente distintas, entender esa diferencia puede cambiar mucho la forma de relacionarnos con lo que sentimos

El miedo es una emoción antigua y necesaria que tenemos los seres humanos. Aparece cuando percibimos un peligro concreto frente a nosotros y su función es clara: nos prepara para reaccionar, ya sea enfrentando la amenaza o alejándonos de ella. El miedo es inmediato, intenso y desaparece cuando desaparece la amenaza. En ese sentido, el miedo es sano, necesario y útil para sobrevivir.

La ansiedad, en cambio, no necesita un peligro real para aparecer. Vive en escenarios que construimos en nuestra mente antes de que ocurran, y que quizás, nunca ocurrirán. Es como una voz interna que pregunta constantemente: ¿y si me va mal en el trabajo?, ¿y si me enfermo?, ¿y si pierdo el control en público?, ¿y si no soy suficiente?

A diferencia del miedo, la ansiedad puede permanecer sin un estímulo externo concreto. Puede convertirse en un estado casi permanente de alerta, tensión, de espera ante algo que no llega. Y eso, con el tiempo, genera un inmenso desgaste.

Lo más importante es que sentir miedo o ansiedad en momentos puntuales es completamente normal. Son experiencias humanas. Sin embargo, hay señales que indican en consulta, cuando los pensamientos sobre el peligro no corresponden con estímulos objetivos. Cuando la mente interpreta como amenazante algo que, no necesariamente, no lo es. Esto, a menudo va de la mano con la interferencia que empieza generar la ansiedad en la vida amorosa y laboral de los consultantes. Llega un momento en que ya no pueden disfrutar ni siquiera de las cosas más simples de la vida cotidiana. Otra característica de la ansiedad es que es persistente, es decir, está presente todo el día, constituyéndose en un problema para la salud mental. En algunos casos la ansiedad puede llegar a manifestarse de forma súbita, impredecible y muy interesa, generando crisis de pánico. Estas crisis aparecen sin ningún motivo aparente que las explique. Es frecuente que estos fenómenos estén acompañados de hipersensibilidad. Es decir, cuando situaciones que para la mayoría son cotidianas e inofensivas generan en el afectado de un trastorno de ansiedad, muchas veces con crisis de angustia, una reacción intensa y difícil de manejar.

Lo más importante es que si sufres de un trastorno de ansiedad, debes recordar que es un fenómeno complejo. No estás exagerando. No estás loco ni loca. Lo que sientes tiene nombre, tiene explicación y, lo más importante, tiene tratamiento.

Reconocer la diferencia entre un miedo normal y una ansiedad que ya te está limitando es el primer paso. El segundo es no cargarlo solo. Pedir ayuda es una decisión valiente e inteligente, el inicio de un tratamiento positivo.

Buscar ayuda es el primer paso pues, en general estos problemas tienen buen pronóstico cuando los tratas con la asesoría profesional pertinente. 

J. Abraham Salazar Correa 
Psicólogo 
www.suterapia.cl 

viernes, 21 de marzo de 2025

Mi lucha por la salud mental en tiempos económicos turbulentos.


Como psicólogo, he visto de cerca cómo la situación económica en Chile afecta profundamente la salud mental de mis pacientes. La inflación y la incertidumbre financiera generan estrés, ansiedad y depresión. Muchos prefieren quedarse en casa, renunciando a actividades recreativas debido a la falta de recursos. Esto no solo es un problema individual, sino también un reflejo del modelo económico que nos rodea.

La pobreza no es solo una carencia económica; es un concepto multidimensional que incluye factores emocionales y sociales. Sin acceso a redes de apoyo o servicios básicos, las personas se vuelven más vulnerables a trastornos mentales. He observado cómo la falta de estabilidad laboral y la inseguridad financiera pueden desgastar la autoestima y la confianza en uno mismo. Esto no solo afecta a los individuos, sino también a sus familias y comunidades.

Es hora de que como sociedad reconozcamos que la salud mental no es solo responsabilidad del Ministerio de Salud, sino de todos nosotros. Debemos trabajar juntos para crear un entorno que proteja y promueva el bienestar emocional de todos. Esto implica políticas públicas que apoyen la estabilidad económica, programas de educación financiera, y acceso a servicios de salud mental accesibles y de calidad.

¡Es momento de actuar! Necesitamos un cambio de perspectiva que priorice la salud mental como parte integral del desarrollo económico y social. Al unirnos, podemos construir un futuro donde la prosperidad económica vaya de la mano con el bienestar emocional. Juntos, podemos hacer la diferencia y crear un Chile más justo y saludable para todos.

Psicólogo Jorge Salazar. 
www.suterapia.cl