jueves, 25 de junio de 2026

La Ansiedad: hipersensibilidad persistente y compleja.


Imagina que llegas a casa y la alarma de incendios empieza a sonar sin parar. Revisas la cocina, miras los enchufes, buscas humo por todas partes... pero no hay nada. Todo está en orden. El problema no es un incendio: el problema es que el botón de pánico se quedó trabado.

Eso es exactamente la ansiedad. No es un defecto de carácter, ni debilidad, ni señal de que algo está mal en ti. Es un sistema de defensa brillante que, sencillamente, se equivocó de momento.

La ansiedad no viene en un solo formato. 

A veces aparece como miedo paralizante a interactuar con otros, otras como preocupación constante por el futuro, o como un ataque de pánico que te hace sentir que el aire no alcanza, que estás muriendo o enloqueciendo, con deseos de huir ó una explosión de llanto incontrolable. Pero más allá de su forma, entender cómo funciona es el primer paso para apagar el ruido. Pues sí, efectivamente se puede apagar.

Los "falsos amigos": alcohol y marihuana.

Cuando vives con esa alarma sonando las 24 horas, es natural buscar un interruptor. Ahí aparecen las trampas más comunes.

Muchas personas recurren a una copa de vino para bajar las revoluciones. El problema es que el alcohol miente: relaja la primera hora, pero cuando el efecto pasa, la ansiedad regresa amplificada. Es un círculo vicioso que, si se descuida, arrastra consigo la depresión y un riesgo real de dependencia.
Con la marihuana ocurre algo muy parecido. Existe el mito de que es el ansiolítico natural por excelencia, pero el cannabis es una ruleta rusa. Su componente activo altera el sistema que el cerebro usa para regular el estrés. Al principio desconecta, pero con el tiempo hace que cualquier problema se sienta mucho más amenazante. Básicamente, aumenta la reacción que querías apagar.

El cuerpo bajo ataque sin que pase nada

¿Te han temblado las manos antes de hablar en público? ¿Has sentido un nudo en el estómago por un correo de trabajo? Tu cuerpo reacciona como si tuvieras un león enfrente.

Evolutivamente, estamos diseñados para sobrevivir amenazas físicas. El drama moderno es que ese mismo protocolo de emergencia se activa para pagar facturas, rendir un examen o responder un mensaje de WhatsApp.

La trampa mental en la que todos podemos caer

El cerebro ansioso es experto en tres cosas: ver peligro donde solo hay incertidumbre, convencerte de que no podrás soportarlo e ignorar por completo cualquier señal de que todo está bien.
Para aliviar ese malestar, empezamos a evitar situaciones. Cancelas la reunión, dejas la llamada para después, rumias el mismo pensamiento buscando una solución perfecta que no existe. El alivio es inmediato, pero el mensaje que le mandas a tu cerebro es devastador: "Tenías razón, era peligroso". Así la alarma se vuelve cada vez más sensible.

El interruptor se puede reparar

Si te sentiste identificado, respira. Tu cerebro no está roto, solo está funcionando demasiado rápido, de forma muy sensible e hiperactiva.

Aunque la genética, la personalidad o las experiencias difíciles te hayan hecho más propenso a encender esa alarma, nada está escrito en piedra. La terapia psicológica te enseña a interrumpir esos patrones automáticos, y el apoyo médico complementa ese trabajo cuando es necesario. No tienes que acostumbrarte al ruido. Pide ayuda a tiempo, esto no es rendirse: es empezar a tomar el control.

Psicólogo J. Abraham Salazar Correa.
www.suterapia.cl