De pronto, una joven aparentemente normal comienza a pasar horas frente al espejo, examinando una diminuta cicatriz en su mentón, imperceptible para todos menos para ella, pero fundamental hasta el punto de hacer que su autoaceptación y su vida entera giren en torno a ella. Deja su empleo y se aísla, convencida de que su rostro provoca repulsión.
La dismorfofobia es una prisión mental en la que una percepción distorsionada eclipsa la realidad y termina tiñendo el mundo entero.
La persona puede llegar a corregir aquello que considera un defecto, pero es muy probable que, posteriormente, encuentre otro en el que vuelva a concentrar su obsesión.