Quienes lo padecen buscan de manera constante la atención y aprobación de los demás. Sus emociones son intensas, cambiantes y, a veces, desproporcionadas frente a la situación. Una pequeña crítica puede sentirse como un rechazo total; un cumplido, como la confirmación de que valen.
Lo que suele verse desde afuera —la teatralidad, la seducción, el dramatismo— no es un capricho ni una manipulación consciente. Es más bien la principal manera que tienen para conectar con el mundo y consigo mismos.
Este trastorno tiene raíces profundas, generalmente en historias de infancia donde el afecto era impredecible o condicionado. El niño aprendió: "para que me quieran, debo brillar."
La buena noticia es que con terapia psicológica es posible construir una identidad más estable, relaciones más auténticas y una forma de estar en el mundo que no dependa exclusivamente de la mirada o reconocimiento ajeno.
Si reconoces estos patrones en ti o en alguien cercano, consultar con un profesional de salud mental es el primer paso.
Psicólogo Jorge Salazar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Preguntas, apreciaciones, aclaraciones, alcances, etc.