viernes, 18 de noviembre de 2011

La inhibición y tristeza son parte del proceso de duelo.





Cuando enfrentamos una pérdida importante o cambio significativo, es natural experimentar alguna tristeza. El contacto con dicho afecto está implicado en la elaboración del duelo. El proceso de duelo implica recordar, lo que se ha perdido, una y otra vez, desmantelando en el proceso los afectos ligados a lo perdido.

Los antidepresivos, pueden impedir el curso natural de este benéfico proceso, alterando la química cerebral, principalmente por tres vías. La inhibición de la monoamino oxidasa, inhibiendo la recaptación de Serotonina o/u inhibiendo la recaptación de Noradrenalina cerebral.

Los antidepresivos que inhiben la secreción de monoamino oxidasa (MAO), disminuyen la concentración de esta substancia química que destruye los neurotransmisores en el espacio sináptico. La no destrucción de los neurotransmisores por la inhibición de la MAO, produce que se mantenga el impulso nervioso, de esta forma, los antidepresivos inhibidores de la MAO, surten un efecto estimulante.




Otros antidepresivos Inhiben la recaptación de serotonina. La serotonina en un neurotransmisor producido principalmente en los núcleos de rafe del tronco encefálico, relacionado con la sensación de saciedad, y cuyo descenso se ha sido ligado a la tristeza y depresión.  Al inhibir su recaptación o salida del espacio sináptico (de la serotonina), se le permite mantener el impulso nervioso que ella provoca en dicho espacio. Lo anterior genera un efecto gratificante de satisfacción.

Algunos fármacos elevan simplemente el nivel de noradrenalina cerebral, substancia química producida principalmente en el locus coeruleus en el piso del cuarto ventrículo, en el tronco cerebral. La noradrenalina es un neurotransmisor estimulante cerebral, en ese sentido los fármacos producen estimulación.





De esta forma, despertado sensaciones y afectos incongruentes, que no concuerdan con la vivencia, a partir de medios sintéticos, los antidepresivos interfieren el proceso de elaboración del duelo, obstaculizando el contacto con el natural afecto de tristeza y dolor. De forma que obstruyen el proceso natural, gracias al que es posible posteriormente recuperar la capacidad de interés en otras cosas y mantener un recuerdo agradable de lo perdido. Además de esto abren las puertas al fenómeno de dependencia a los psicofármacos.

Existen estudios que relacionan a las drogas antidepresivas con la aparición de ideas suicidas, en pacientes que antes del consumo no las tenían. Han sido relacionados con el suicidio mismo y con conductas muy violentas que han implicado muertes de muchas personas. De la misma forma su administración prolongada ha sido relacionada a problemas cardiacos y de dependencia.

La invitación es a vivir y elaborar la propia tristeza, a no atribuir capacidades mágicas a los fármacos, a confiar en nuestro cerebro, la farmacia natural, que genera lo mejor de las substancias químicas que necesitamos. Es conveniente permitirle enfrentar los problemas, dejarlo trabajar.

Jorge Salazar
Psicólogo Clínico y Terapeuta Familiar.







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