domingo, 26 de febrero de 2012

Los trastornos mentales como preguntas.



Es posible realizar un ejercicio interesante para ampliar nuestra manera de entender los "trastornos mentales". Se trata de la posibilidad de plantearlos como interrogación, como pregunta. Una de las problemáticas que es posible destacar  a partir de la historia de la segregación o adoración del “enfermo mental”, es que el enfermo mental interroga a las costumbres y convenciones sociales, interroga a la sociedad. La enfermedad mental, en este aspecto tiene algo subversivo, algo que se resiste a la explicación y coerción de nuestra forma de lenguaje. Se resiste a nuestra forma de estar siendo en el lenguaje. 

De la misma forma, a nivel individual u ontogenético, la enfermedad o el enfermo mental, puede motivar  variadas reacciones en los cercanos, o en los familiares “sanos”. Algunas posibilidades también pueden ser la adulación y la segregación, aunque es mezquino reducir la gama de respuestas posibles a estas. 

Lo profundo del asunto es que los “enfermos mentales” probablemente nos permiten ser espectadores de la emergencia de una forma de lenguaje, del que todos participamos y con el que tenemos una especial relación. Este lenguaje se nos hace patente en los sueños, las obras de arte, etc. De forma que los que denominamos enfermos mentales parecen recordarnos el origen de cualquier significado posible. El significado que emerge de la interacción, de la relación, del afecto, del deseo.

Jorge Salazar
Psicólogo Clínico y Terapeuta Familiar.








miércoles, 22 de febrero de 2012

Muéstrame como juegas y te diré quien eres.



Una de las cuestiones fundamentales para alcanzar logros en un proceso de intervención psicológica es la comunicación.  Como es conocido, la comunicación no se sustrae al lenguaje hablado sino a todas las conductas que ejecutamos en todo momento. 

El juego infantil es un medio de comunicación insustituible, puerta abierta al mundo del niño, un mundo que no es nuestra realidad, pero tampoco la fantasía de quien juega, un mundo de transición entre la fantasía y la realidad, un territorio donde se desarrollan las principales problemáticas del niño en su desarrollo.

La historia del juego como técnica de trabajo puede situarse en 1927 en el interior del campo del psicoanálisis infantil. Ciertamente Sigmund Freud ya realizó intervenciones dirigidas a niños, pero no realizó un estudio sistemático de las denominadas neurosis infantiles, a excepción del Caso de Juanito publicado en 1909. Juanito fue un niño que sufría terror a ser mordido por un animal, dicho terror le impedía desarrollar actividades normales a niños de su edad. Es importante aclarar, que el psicoanálisis de este niño no fue realizado directamente por Freud sino por el padre del niño bajo supervisión de Freud. Si bien este trabajo demostró que es posible una intervención psicológica infantil, es posible que múltiples trabas no permitieran el desarrollo de esta área de la psicología. Probablemente una de esas trabas fue la idea de la “inocencia infantil”, idea que de cualquier forma, la teoría freudiana ya había contribuido a clarificar, poniendo en evidencia el desarrollo y curso del deseo infantil y como este repercute en la vida adulta.

No fue hasta el trabajo de Melanie Klein, que el juego fue estructurado como herramienta técnica de trabajo con niños. El juego, no es algo simple para el niño que lo ejecuta, es más bien, constituyente de un espacio de especial seriedad. Es el antecesor del trabajo adulto, una forma de expresión de conflictos, una forma de expresar y controlar la angustia infantil.

Para aprovechar esta insustituible herramienta es necesario conocer su significado y los mecanismos psíquicos que participan en su elaboración. Aproximarse al juego infantil es como aproximarse al sueño, este tiene sus mecanismos y peculiaridades que todo psicólogo debe conocer.

Lo importante es valorar el juego infantil, dar a conocer que es una herramienta técnica de trabajo en psicología, la importancia de la presencia adulta como observador del juego infantil, enfatizar que si un juego infantil resulta perturbador para quien lo observa, debe consultar a un profesional de la psicología. 

Los niños que sufren de alguna afección psicológica juegan de manera distinta y muchas veces característica. Un niño gravemente enfermo no juega. Cuando un niño repite incesantemente un juego esta indicando una problemática.

La invitación es a estar atento a estos fenómenos y consultar a psicólogo frente a cualquier duda o sospecha. 

Jorge Salazar
Psicólogo Clínico y Terapeuta Familiar.








martes, 21 de febrero de 2012

Accidentes automovilísticos y estrés postraumático.


Evelyn González periodista de La Tercera, me ha entrevistado por tema relacionado con los accidentes automovilísticos y el estrés postraumático. En función de dicha entrevista he creado este breve escrito que quisiera compartirles.


Un accidente automovilístico al igual que otras vivencias traumáticas implica una movilización violenta y sorpresiva de energías  que impactan fuertemente a la persona afectada. Independientemente de la edad, género u otras categorizaciones, la violencia del impacto con la amenaza que implica, de inmediato producirá reacciones nerviosas y hormonales tendientes a activar el sistema nervioso simpático involucrado en las conductas animales de lucha o huida frente a estímulos amenazantes.

Si bien todas las personas respondemos de diversa manera a los mismos estímulos, el componente fisiológico de la respuesta tiende a ser similar. Existe aceleración de los latidos cardiacos, sudoración, dilatación pupilar y aumento de la frecuencia respiratoria, estos son mecanismos con los que el cuerpo busca asegurar energía y oxigeno a los tejidos que podrían afectarse. Mediante la contracción de los vasos sanguíneos periféricos busca asegurar el riego de sangre en los órganos más centrales y vitales, al mismo tiempo de disminuir la probabilidad de pérdida excesiva de sangre por cortes superficiales o que afecten a las extremidades del organismo.

No es de extrañar que a manera de defensa, la mente busque la huida a través de la disociación. El afectado se comportará de manera extraña, discordante con la vivencia recientemente experimentada, tal puede ser la situación de una persona que acaba de sufrir un accidente automovilístico. Actuará como si no hubiese ocurrido nada y probablemente de manera robótica parecerá negar el afecto implicado en la vivencia. Otra manera de huida es la perdida de conocimiento. El desmayo frente a la amenaza que implica el accidente. De esta forma, nuestra mente asegura un retiro del dolor físico y del impacto psíquico en general.

En sí mismo un accidente automovilístico es un corte en el  rumbo hacia un destino, hacia un lugar donde se depositaban esperanza de llegar. La violencia del corte y el enfrentamiento de una situación tan amenazante y repentina,  una vez transcurrido algún tiempo, pueden generar la aparición de sintomatología muy similar a la depresiva. Así, la tristeza, la inhibición, el desapego afectivo y la falta de deseo, pueden hacer presa de quien hace algún tiempo se ha accidentado. Se trata de enfrentar una perdida profunda, de haber vivenciado directamente la posibilidad de la muerte, que de manera inminente, rememora la fragilidad de nuestra naturaleza.

El impacto del corte en el trascurso de la vida que implica un accidente automovilístico, puede ser de tal magnitud, que la vivencia o algunos de sus aspectos, pueden volver súbitamente e interrumpir posteriormente el curso de la vida cotidiana de diversas formas. No es extraño que quien sufra un accidente automovilístico posteriormente experimente sueños terroríficos que le resitúan en la situación. Estos pueden poseer tal frescura, que el terror parece ser el mismo incluso los aspectos fisiológicos de la respuesta corporal son similares a los de la situación del accidente. De esta forma la vivencia traumática mantiene cautivo y sometido al afectado.

La persona que ha vivido un accidente automovilístico puede revivir en estado de alerta la vivencia, con la sintomatología de activación antes descrita. Estos son recuerdos abruptos e intrusos que escapan al control de quien los sufre resultan tortuosos y aumentan la sensación de tristeza y perdida de control.  En el caso de los niños, la respuesta posterior a un accidente automovilístico puede acompañarse de sintomatología agitada o impulsiva. Puede existir respuestas de retroceso en dominios alcanzados en estados anteriores, tales son la enuresis (orinarse) o encopresis (defecación) ocurridas con posterioridad a cuando ya estas funciones se encontraban bajo control gracias al desarrollo evolutivo. Otros signos que podría presentarse en estos casos y a los que es conveniente estar atentos, son problemas en la concentración y disminución del rendimiento escolar, junto al empeoramiento de las relaciones sociales con los niños de su edad y con sus profesores.

Es posible que luego de un accidente automovilístico se desarrollen respuestas de evitación o fóbicas hacia objetos o situaciones que la mente del afectado, relacione al accidente. Estas respuestas se caracterizan por un elevado monto de ansiedad, terror irracional y rechazo del estímulo fobígeno (que desencadena la respuesta fóbica) y pueden llegar a deteriorar significativamente la vida de quien las sufre, al impedirle la realización de sus actividades cotidianas.

Una manera de estar mejor preparado psicológicamente para enfrentar un accidente de transito, es reconocer que esta es una posibilidad, que puede ocurrir. Realizar el ejercicio de prevenir y ponerse en el lugar de que ocurriese. Pensar como cree que respondería. El hecho de pensar anticipadamente en la posibilidad de la situación, permite crear diques, muros mentales contra la ansiedad si ocurre el acontecimiento. Al disminuir el nivel de sorpresa, disminuye también el potencial traumático de la situación.

El trastorno por estrés postraumático que puede sobrevenir luego de un accidente automovilístico, puede durar algunos meses, o permanecer de manera crónica. Puede empezar a manifestarse de inmediato, tras el accidente o aparecer meses después del mismo. De ahí la importancia del abordaje psicológico para clarificar estos aspectos y ejecutar la terapia adecuada. La prolongación del tratamiento dependerá, entre otros factores, de un acertado diagnóstico psicológico y de las particularidades del afectado. En un accidente automovilístico muchas veces se remueve mucho más de lo aparente a simple vista. Lo aconsejable es evaluar y tratar las consecuencias.


Jorge Salazar
Psicólogo Clínico y Terapeuta Familiar.




Les invito a leer el artículo del diario La Tercera. Se llama "El impacto Psicológico de un accidente".
Saludos.









sábado, 4 de febrero de 2012

Trastornos Somatomorfos


El recuerdo de una de mis experiencias en consulta me ha motivado a escribir este artículo. Me llamó la atención el discurso de un paciente que me contaba con emoción que había llegado a mí, pues su médico de años, luego de innumerables exámenes y tratamientos, le planteó: “que ya no sabía que hacer, que lo había probado todo”.

Los trastornos somatomorfos se caracterizan por ser similares a enfermedades puramente corporales (ninguna lo es), pero cuya causa no es posible detectar. Los pacientes que las sufren piensan que el médico tiene la respuesta a su padecimiento y el médico que los sufre (en el interior de la relación médico paciente), en la medida cree que tiene la solución al padecimiento, se ve frustrado tanto en su intento de curación, como frente a exámenes mudos, exámenes que no dicen que tiene el paciente. En otras palabras, los trastornos somatomorfos juegan con la capacidad del paciente de distinguir el origen de la enfermedad, pues se la atribuyen puramente al cuerpo y por otra parte, juegan con la fantasía de omnipotencia a la que pueden estar sometidos algunos médicos.

Un  paciente que sufre de trastorno somatomorfo, puede presentarse en repetidas ocasiones a la consulta médica, por ejemplo, con síntomas gastrointestinales (al menos dos como diarreas y vómitos), dolorosos (suelen presentarse con una larga historia de dolores en al menos cuatro lugares del cuerpo o relacionados con cuatro o más funciones), aparentemente neurológicos (alteración de la coordinación motora, de la sensibilidad, equilibrio, ceguera, retención urinaria) o sexuales (disfunción eréctil o eyaculatoria, perdidas de menstruación, menstruaciones dolorosas).

Estas problemáticas no son intencionales ni simuladas por el paciente y les llevan a un significativo deterioro de su vida, en el ámbito social y laboral. Es decir, implican sufrimiento.

Los denominados trastornos somatomorfos son antiquísimos y han cumplido una importante función en el desarrollo de las ciencias. Ya en los escritos prepsicoanalíticos de Sigmund Freud, es posible detectar su influencia en la gestación de la psicología. Cito:

“La relación entre lo corporal y lo anímico (en el animal tanto como en el hombre) es de acción recíproca; pero en el pasado el otro costado de esta relación, la acción de lo anímico sobre el cuerpo, halló poco favor a los ojos de los médicos. PARECIERON TEMER QUE SI CONCEDÍAN CIERTA AUTONOMÍA A LA VIDA ANÍMICA, DEJARÍAN DE PISAR EL SEGURO TERRENO DE LA CIENCIA.

[...] En efecto, existe un gran número de enfermos [...]cuyas perturbaciones y quejas plantean un gran desafío al arte de los médicos, pero en los cuales, a pesar de los progresos que ha hecho la medicina científica en sus métodos de indagación, ni en vida ni tras su muerte pueden hallarse los signos visibles y palpables del proceso patológico. [...]no pueden realizar una labor intelectual a causa de dolores de cabeza o fallas de la atención; les duelen los ojos cuando leen, las piernas se les cansan cuando caminan; sienten dolores sordos o se adormecen; padecen de trastornos digestivos en la forma de sensaciones penosas, vómitos o espasmos gástricos; no pueden defecar sin purgantes, se han vuelto insomnes, etc. [...]Los signos de esta suelen ser variables; se relevan y sustituyen unos a otros: el mismo enfermo que hasta cierto momento no podía hacer nada a causa de sus dolores de cabeza pero tenía una digestión bastante buena, al día siguiente puede tener su cabeza despejada, pero no soportar en lo sucesivo casi ningún alimento [...] En algunos de estos enfermos, la perturbación un dolor o una debilidad del tipo de una parálisis puede mudar repentinamente de costado: saltar del lado derecho al izquierdo simétrico del cuerpo. Pero, en todos, puede observarse que los signos patológicos están muy nítidamente bajo el influjo de irritaciones, emociones, preocupaciones, etc. Tanto que pueden desaparecer, dando sitio a un estado de plena salud y sin dejar secuelas aunque hayan durado mucho tiempo." (Freud. 1890.  Tratamiento Psíquico (tratamiento del alama) )

En definitiva, los trastornos somatomorfos participaron en la gestación de la psicología, ciencia y arte que reconoce la interacción de lo psíquico y lo corporal sin desconocer que el comando de la situación puede ir de parte de lo psíquico. Pero destacando que no es posible pensar lo corporal sin pensar en lo psíquico. La psicología reconoce que los seres humanos no somos tan simples como artefactos a los que simplemente se debe sustituir las pieza en mal estado. Somos más complejos. Llegamos a ser producto de una historia y en un contexto determinado, formados y transformables desde el lenguaje, el que construye y reconstruye lo corporal. Estos factores, deben ser evaluados en su mérito en la atención de pacientes. En consecuencia, se requiere tiempo y trabajo en la atención (no 10 ni 15 minutos) esto resulta ser lo más seguro, tanto contra el “trastorno” del pacientes, como contra “la fantasía de omnipotencia del médico”.

La persona que ha dado origen a este escrito, actualmente se encuentra en tratamiento que ya dejan ver avances. En este, ha podido procesar varias vivencias a la base de su sintomatología, va rehistorizando, encontrando sentido a sus experiencias, tal como lo hace la psicología como arte y ciencia.


Jorge Salazar
Psicólogo Clínico y Terapeuta Familiar.