jueves, 22 de julio de 2010

Y, ¿Quién tiene la culpa?.


La pregunta con la que se titula este articulo hace referencia, entre otras cosas, a la capacidad de curiosidad humana y a la capacidad de plantearse una pregunta, pero además, mirada con profundidad es la pregunta infantil en la que se centra gran parte de la historia del pensamiento de la humanidad.

Ya en el 500 a.C, en Grecia, Demócrito plantea un principio que podría tener relación con un pensamiento lineal y analítico, especialmente en su aspecto analítico, un pensamiento que para entender algo, para llegar a un objeto cognoscible, se ve en la necesidad de dividirlo en todas sus partes, como planteará también, muy posteriormente (alrededor del 1600 d.C) René Descartes en “Discurso del método para dirigir bien la razón y hallar la verdad en las ciencias”.

Planteo que este pensamiento es lineal, pues está muy relacionado con la causalidad, con la idea de que cada cosa tiene su causa y cada causa produce su efecto mono causalmente. Me refiero a la monocausalidad, pues cuando el investigador como sujeto cognoscente (capaz de conocer) construye un objeto cognoscible (que puede llegar a ser conocido) siempre en este proceso genera a la vez una metodología para conocer dicho objeto, por tanto, la mono causalidad como carácter explicativo responde también a una inscripción dentro de la historia de la epistemología. Los conocimientos de la óptica, de los que fue un colaborador el mismo René Descartes con su texto: “Dioptrica” (de la óptica) en los que analiza las características y propiedades de los lentes, en relación de su potencial para aumentar nuestro sentido de la vista y permitirnos ver las mas pequeñas de las partes constitutivas de la materia, por lo tanto, llevar el afán analítico de división a su mas profundo logro en función del sentido de la vista.

Ver lo mas pequeño, lo que no se puede dividir, aquello que constituiría y explicaría en sí a la materia. Como olvidar, dentro de esta misma línea de pensamiento, al filosofo y matemático Gottfried Leibniz quien como representante de este pensamiento a nivel de la metafísica, plantea la existencia de unas monadas (pequeñas partes), que serian constitutivas elementales de ser y que estarían tras y dando ser a toda la realidad. En el campo de la biología, Robert Hooke, científico que en 1965 en su texto: “Micrographía”, escribe por primera vez la palabra célula (que significa celdilla) refiriéndose a lo visto en sus observaciones de microscopio. Estas células posteriormente y gracias a la construcción de la teoría celular pasarán a ser las consideradas constituyentes de todo lo vivo, es decir, las mínimas unidades.

Posteriormente gracias a los avances de la física y la química se logró sentar bases experimentales que dieran cuenta de la existencia de los átomos (volvemos al pensamiento de Demócrito, es decir, sentado alrededor de 600 años a.C, en grecia). El conocimiento de la misma física, química y biología (los dos pilares de la biología son la teoría de la evolución y la teoría celular) por parte de Watson y Crick les permitió “descubrir” la estructura del ADN, sustancia química que se encuentra en el núcleo de las células eucariontes y en el citoplasma de las celular procariontes y a cuyo código, estaría supeditada la elaboración de todas las proteínas (etimológicamente: lo primero) que componen los seres vivos.

Hoy conocemos el genoma gracias a este afán, y esto es bastante sabido. Diríjase usted a la calle y pregunte a cualquier persona: ¿que es el genoma, el ADN, y la genética? Y, de seguro, se aventuraran a dar alguna respuesta alusiva al tema. A este mismo nivel se encuentra el lenguaje de la mayoría de los investigadores contemporáneos, diríjase usted a plantearles cualquier pregunta compleja y, de alguna manera, sabrán llegar a los genes y decir, la mayoría de las veces: “esto es algo genético”.

Si usted trabaja en el campo de la salud mental diríjase al DSM-IV (manual de diagnóstico y estadísticas de salud mental) y, se encontrará con que la mayoría de los trastornos mentales tendrían base genética. Palabras como genético y genoma podrían bien servir de “comodines” para explicarlo todo, o mas bien lo que no conocemos, específicamente el ser humano y su capacidad de preguntarse.

Dejemos pues, que la mayoría de los investigadores actuales se refieran a sus genes y genoma celular. Por mi parte prefiero referirme al ser humano en su complejidad, integración y, principalmente en su dinámica y constante cambio. En lo personal, me inscribo e identifico con el pensamiento de Heráclito cuando plantea “Aguas siempre distintas corren sobre aquéllos que se bañan en los mismos ríos.” (Todo está en constante cambio) y “Los contrarios concuerdan, la discordancia crea la más bella armonía, [que todo se produce por la discordia].” (Existe constante oposición, choque y lucha de contrarios)

Entonces, de esto, ¿Quién tiene la culpa? De este ser humano que se pregunta y ha buscado respuestas en la división analítica, en la explicación reduccionista y mono causal (a lo mas poli causal), probablemente, nadie tiene la culpa y solo existimos en medio de un constante cambio y fuerzas que se contraponen constantemente, constituyendo la bella armonía que denominamos universo.

Jorge Salazar
Psicólogo Clínico y Terapeuta Familiar.






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