domingo, 5 de junio de 2011

Ritalin, la droga milagrosa


Al revisar mi Facebook me llamó la atención un artículo del diario la tercera enlazado por Cristina Muñoz, a través de Marcelo Narváez. El artículo se titula “Los veinte años de la generación ritalín”

Luego de una detenida lectura he agrupado el contenido del artículo en cuatro ideas principales:

La primera de estas ideas es la de déficit atencional. Al respecto, se plantea que el déficit atencional hace veinte años se constituyó en un tema de moda, del que se suponía que un ochenta por ciento de los niños no podrían librarse. Fenómeno que según el artículo iría de la mano de un importante porcentaje de repeticiones de curso, de adquirir adicción al alcohol. Es un trastorno que inevitablemente requiere medicación. Se atribuye a los niños que lo sufren los calificativos de intolerables en los colegios, niños problema, niños molestosos e inquietos.

Otra idea es la idea del ritalin como una solución mágica publicitada por las farmacéuticas y que en los últimos años ha sufrido un importante aumento de sus ventas, asociada a un exceso de recetas. Es posible desprender del artículo que el ritalin es entendido como la “herramienta para tapar los vacíos de las expectativas y responsabilidades de la sociedad”

En relación a los niños afectados por el déficit atencional y su tratamiento. El artículo deja ver que son niños marcados en su infancia por el fármaco. Se puede deducir también que estos niños son marcados por la etiqueta que supone la patología. Son niños frente a los que el mundo adulto plantea que no puede lidiar, niños atados y dependientes de una droga, niños convencidos de que no pueden funcionar sin ella.

En el artículo, una persona aludida plantea que solamente en la adolescencia se dio cuenta que podía funcionar sola, es decir, sin el fármaco. Es destacable como se hace referencia a que solamente la mitad de los niños diagnosticados permanecen con el diagnostico en la adultez, como es que los niños van desarrollando estrategias que les ayudan a lograr metas, como por ejemplo ser profesionales. Una de las personas de las que se toma información en el artículo es psicopedagoga y fue diagnosticada de déficit atencional, frente a lo que debió ser tratada con ritalín. En el artículo, dicha profesional plantea que se ve reflejada en los niños con déficit atencional con los que trabaja y que solo les da ritalín cuando “les cuesta demasiado”.

La última de las cuatro ideas principales en las que agrupe el contenido del artículo es la que hace referencia al nivel familiar. Según el artículo, la afección genera que los padres de estos niños deban peregrinar de un establecimiento educacional a otro en busca de que sus hijos puedan seguir estudiando. El diagnostico puede relacionarse desde el punto de vista del articulo con la falla de los esfuerzos de los padres y de la educación formal.

Ya al margen del artículo, y reflexionando en relación a la realidad a la que alude, es inevitable pensar en los padres de los niños que son diagnosticados de trastorno de déficit atencional.  Al respecto, es posible que los padres de estos “pacientes” carguen con un importante grado de culpabilidad por la afección que se les ha diagnosticado a sus hijos. Posiblemente en más de alguna ocasión se preguntan qué es lo que hicieron mal o peor aún, es posible que en las familias más débiles o vulnerables se genere una fractura frente a la que ambos padres podrían culparse mutuamente. Posiblemente disminuyan las expectativas en relación al futuro del hijo diagnosticado y se fabrique para él un lugar gris en el interior de la familia, un lugar lleno de atribuciones negativas, el lugar del enfermo mental. Estos son padres que sufren, sometidos a una tensión agobiante que sumada a las exigencias sociales relacionadas con el plano laboral y con el bienestar de los otros hijos constituyen un panorama a lo menos  desalentador.

Por otra parte, los niños diagnosticados y en tratamiento por déficit atencional, como manifiesta el artículo, se perciben diferentes a sus compañeros. La diferencia no es negativa en sí misma, si no cuando está ligada a la enfermedad y probablemente a todo un conjunto de situaciones descalificatorias que van marcando el desarrollo de la personalidad de estos menores, dejando una huella que bien podría ser imborrable para ellos y sus futuras relaciones sociales. Ser calificado como enfermo (mental) y sentir que dependen de una droga, durante parte importante de su desarrollo sin duda se constituye en una impronta indeleble en el curso de la evolución de la personalidad.

Sin duda los niños con déficit atencional no responden a las expectativas de sus profesores y de la sociedad, la pregunta es: ¿Por qué deberían responder?.  Muchas veces el diagnóstico es secundario a un requerimiento de la institución educativa frente a la cual el niño no cumple con las expectativas. Pero la realidad de estas instituciones educativas es mucho más compleja que lo que podría abordarse en esta pequeña nota. Se trata de instituciones donde muchas veces los profesionales de la educación deben encargarse de un número elevado de estudiantes de diversas condiciones sociales.  Son profesionales que generalmente perciben bajos salarios y a causa de esto trabajan en más de un establecimiento educacional, para cumplir con el encargo social que se les ha asignado, el de acabar con la desigualdad y llevar a Chile al desarrollo.

Lo anterior ocurre en una sociedad donde el rendimiento escolar es ligado de manera imaginaria con el surgimiento, el bienestar y el mejoramiento de las condiciones de vida, cuestión que es muy cuestionable al observar algunas encuestas que dan cuenta que no es este el único factor, pues los estudiantes que provienen de sectores pobres generalmente continúan arrastrando el estigma de la pobreza.

En el marco generado por la intersección de estas problemáticas y otras no enunciadas en este sencillo escrito la industria farmacéutica ligada a la salud mental aumenta sus ganancias de la mano de profesionales que bien se benefician de la necesidad que las mismas problemáticas generan.

En relación a este tema la carencia parece estar signada por algo planteado en el artículo por la psicopedagoga entrevistada. En dicho artículo la psicopedagoga dice que con el tiempo son solamente la mitad de las personas diagnosticadas continúan con la enfermedad y que gracias a su experiencia esas personas aprender a generar estrategias para alcanzar sus metas.
Desde mi punto de vista este es el lugar más propicio para desarrollar la intervención, y en lugar del que menos se habla en dicho artículo. Se trata de cómo ayudar a los niños, a sus familias y a las organizaciones educativas a desarrollar ESTRATEGIAS PARA QUE ALCANCEN SUS METAS.

Es importante recordar que el ritalin puede provocar adicción, y que algunos estudios lo relacionan con mayores posibilidades de abuso de drogas (como la cocaína) en la adultez. También puede generar problemas cardiacos, y en varios casos ha generado simplemente la muerte de los niños medicados.

Si bien es una decisión personal si se utiliza el ritalin como fármaco milagroso o no. También es posible acceder a alguna terapia que enfrente el problema desde otro enfoque en el que se consideren tanto el niño como su familia.

3 comentarios:

  1. Cuando mi hijo ingreso a pre-kinder a uno de los colegios mas grandes de Chile y Latinoamerica, en el primer año me recomendaron cambiarlo a uno mas pequeño por su hiperactividad, fue si como lo puse en un pequeño jardín, donde le fue mejor. Al año siguiente volvió al colegio y siguió con sus conductas por lo que me indicaron llevarlo a medico, el medico le receto ritalin, le di dos días, pero el llorando me pidió que no le diera porque le daba mucho sueño y se sentía mal, no continuamos con el tratamiento, si con una psicopedagoga, que le ayudo a aprender a leer y a concentrarse, así continuamos con el, pero fue imposible que en cuarto básico pasara de curso, de ahí para adelante pese a que lo pusimos en los mejores colegios, siguió repitiendo años, hasta que a los 17 años fue a una escuela de adultos, hizo dos años en uno y termino el 2º Medio, le quedaba solo un año para teminar 4º medio, y antes que se iniciara el año escolar se le gatillo una esquizofrenia, la que aun estamos tratando de curar, esto es hace 6 años, el tiene 26.
    Entre los 14 a los 20 años se hizo adicto a las drogas, especialmente a la marihuana, pero también pasta base, lo que termino por gatillarle su enfermedad.
    Cuento esto, que obviamente en no todos los casos se repetirá, pero a los padres les sugiero que a los niños hiperactivo, los ayuden mucho y fundamentalmente les controlen el consumo de drogas y alcohol al que tienden a consumir.

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  2. Bueno, me interesa mucho el tema, porque soy profesora, y claro cuando un niño es muy inquieto normalmente se deriva al neurólogo para descartar un déficit atencional, y se le receta aradix, que viene a ser el nuevo ritalin, me gustaría saber si eso tiene los mismos efectos negativos en los niños, ya que, de acuerdo a mis observaciones con el tratamiento de aradix, los niños mejoran mucho su concentración y sus notas.

    Espero tus comentarios.

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  3. Estimada Anónimo: la respuesta a tu comentario esta en:

    http://psicologojorgesalazar.blogspot.com/2011/11/ritalin-la-droga-milagrosa-ii.html

    Escrito: Ritalin, la droga milagrosa II.

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