jueves, 28 de junio de 2012

Sexualidad, sensible indicador de salud mental.



Es difícil pensar en problemáticas humanas que no repercutan en la capacidad de disfrutar de relaciones sexuales satisfactorias. Es tan sensible este aspecto de la vida, que incluso problemáticas que no adquieren atributos de trastornos mentales afectan en la capacidad de desear, mantener y concluir relaciones sexuales satisfactorias.

Para referirme de manera general a los trastornos del ámbito sexual, primeramente indicaré algunas consideraciones de las denominadas relaciones sexuales normales. Es posible entender la respuesta sexual como un ciclo. El ciclo de respuesta sexual clásicamente es divido en cuatro fases o etapas. La primera llamada deseo, implica las fantasías en relación al acto sexual y la tendencia a realizarlas. La segunda denominada excitación, implica una sensación subjetiva placentera que tiene relación con los cambios físicos apropiados a la relación sexual, erección en el hombre y lubricación con expansión vaginal en la mujer. Esta segunda fase desemboca normalmente en el orgasmo, cuarta fase que consiste en la liberación de la tensión sexual con eyaculación masculina y contracción rítmica (percibida o no subjetivamente por la mujer) de los músculos más externos de la vagina. Últimamente, la resolución consiste en la sensación de relajación muscular y sensación de bienestar, durante esta etapa existe en el caso del hombre, aunque existimos excepiones, un periodo de refracción variable en el que no es posible experimentar una nueva erección, mientras que la mujer puede responder inmediatamente.



El ciclo de respuesta sexual puede verse afectado por múltiples motivos y en esto es particularmente evidente como el aspecto psicológico siempre está implicado en todas las respuestas humanas. El estrés, la depresión, los trastornos ansiosos, sean de angustia, obsesivos, etc. Pueden afectar alguna fase del ciclo y, lo más frecuente, es que afecte a todo el ciclo; deseo, excitación, orgasmo o resolución.

De forma que como afección del deseo puede existir un deseo sexual hipoactivo caracterizado por una disminución del deseo o un trastorno por aversión al sexo cuando existe franco rechazo o evitación del contacto sexual genital.

En la etapa de excitación es posible existan trastornos tanto de la erección del hombre o aquellos que se manifiestan por la falta de lubricación, dilatación o disposición anatómica femenina.

Es sumamente frecuente la incapacidad de alcanzar el orgasmo o un retraso significativo en este en las mujeres, sin embrago, este trastorno también afecta a hombres presentando las mismas características. La eyaculación precoz es un trastorno del orgasmo sumamente frecuente que afecta entre el 40 y 70 % de la población masculina chilena, consiste en eyaculación y orgasmo inevitablemente anticipado o muy recientemente iniciada la penetración.

Además de estos trastornos que afectan el ciclo de la respuesta sexual existen unos trastornos relacionados con dolor durante la misma. La dispareunia se debe a dolor genital durante el acto sexual y puede afectar tanto a hombres como a mujeres. Otro trastorno sexual por dolor es el vaginismo que consiste en la contracción de los músculos de la vagina impidiendo la penetración y concreción del coito.

Estos trastornos pueden aparecer frente  a problemáticas psíquicas e interpersonales casi imperceptibles en otros ámbitos, siendo una manifestación palpable de como la vida anímica y la psíquica son indivisibles. En sentido inverso sus repercusiones no se limitan al campo sexual y generan importantes problemas en las relaciones interpersonales que pueden ir mucho más allá de la vida de pareja, promoviendo comportamiento hostil, decepción y autoevaluación, muchas veces aumentando la intensidad de las causas que produjeron el trastorno originalmente.

Es importante destacar la sensibilidad de la respuesta sexual que frecuentemente se ve afectada con estos trastornos por la influencia de las drogas psiquiátricas como, antidepresivos, antipsicóticos, moduladores del estado de ánimo o ansiolíticos. También pueden ser afectados por el consumo de drogas como alcohol, cocaína, etcétera. En este sentido estos trastornos son una muestra de que los seres humanos somos nuestra mente, cuerpo y contexto, áreas integradas e inseparables interactuantes y en constante cambio.

La invitación es a consultar frente a estas problemáticas, no dejar pasar el tiempo ni permitir que los estragos que pueden estar asociados, repercutan en quienes queremos.


Jorge Salazar
Psicólogo Clínico y Terapeuta Familiar.







 


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