martes, 19 de junio de 2012

Ampliar el campo de la mirada.

Estudios familiares para comprender las conductas humanas.

En mi experiencia personal he constatado con muy pocas variaciones, que cada problemática de salud mental está absolutamente relacionada con el contexto y la historia de quien la sufre. Siempre tras un supuesto paciente existen factores del entorno, especialmente familiares, que explican e indican como intervenir las problemáticas. Esto ocurre de manera muy clara en los niños, y en aquellos pacientes que siguen manteniendo mucho del funcionamiento psíquico infantil, los psicóticos. Esta experiencia lleva necesariamente a una ampliación de la mirada en el trabajo psicodiagnóstico y de intervención.

En relación a la manera clásica e insuficiente de acceder al conocimiento, en un escrito anterior me he referido a la tendencia epistemológica dominada por la atomización, reduccionismos y monocausalidad, como una insuficiente para explicar la complejidad de la conducta humana.

Sin embargo, esta forma de pensar que da sustento, a la mayor parte de las intervenciones en el campo médico del área de la salud mental, no es la única posibilidad para abordad sus problemas.

Para expresar como es que yo enfrento las problemáticas de salud mental en mi trabajo cotidiano, debo referirme primeramente a un conjunto de investigaciones que generaron un viraje epistemológico, un cambio en la mirada de algunos profesionales de la salud mental.

A partir de los años 50 se generaron un conjunto de iniciativas e investigaciones muy relacionadas con la antropología y al estudio del lenguaje para comprender los procesos patológicos. Este desarrollo implicó una abertura del campo de observación para comprender el comportamiento humano en su contexto, especialmente el comportamiento denominado enfermo o patológico.

La cuestión fundamental que sustenta dicho enfoque y el enriquecimiento epistemológico que implica, es que no es posible estudiar y comprender los comportamientos aislados del campo, entorno o  ambiente. Son estos factores los que producen y solidifican los comportamientos humanos ya sean clasificados como sanos o enfermos.

Las primeras investigaciones en esta producción se enfocan al estudio  de las personas denominadas “sintomáticas” en su ámbito familiar. De forma que se empieza a hablar de las familias ligándolas a los trastornos psicopatológicos presentes en algunos de sus miembros, se hablaba de “La Familia Esquizofrénica”, “La familia alcohólica”, etc...

Una de las principales dificultades que enfrentó y enfrenta este enfoque se debe  a que nos cuesta distinguir como se relacionan el entorno con nuestras conductas. Posiblemente, esta ceguera es fortalecida por nuestro narcisismo de pensar que nuestros comportamientos son racionales, individuales y voluntarios, que somos señores y amos de nuestro cuerpo y nuestra mente, quitando relevancia a las determinaciones que tiene el contexto sobre nosotros, nos resulta placentero creer que estas no existen, que estamos completamente en control por sobre nuestro medio. Se puede decir al respecto de distinguir como incide el ambiente, contexto y la historia en nuestro comportamiento, que nuestro narcisismo (el bosque) nos dificulta ver los árboles, fuentes de nuestro comportamiento y de nuestro yo, de nuestro narcisismo, el contexto y nuestra historia.


El abordaje desde la terapia familiar.


Existen muchísimas definiciones de familia, pero lo que me interesa destacar acá es uno de sus aspectos. Luego de años de trabajo investigativo fue posible distinguir a la familia como una entidad compuesta por elementos que variaban entre sí con alguna estabilidad interna y donde se generan y perpetúan patrones de interacción que se resiste a cambiar fácilmente, patrones que dejan una estructura indeleble en los sujetos construidos en medio de la interacción. Conceptos que traen de la mano la comprensión de la enfermedad como una forma de mantener dicha estabilidad familiar frente a los cambios, tanto internos como externos.


Lo anterior fue evidenciado en el estado de evolución de la enfermedad y su gravedad en el entorno familiar, gracias ha distintas investigaciones, entre las que destacan las de Bateson y sus colaboradores. Se desprende de dichas investigaciones que, cuando el paciente esquizofrénico mejoraba, otro miembro de la familia empeoraba.  Esto parecía demostrar que  las familias de los pacientes esquizofrénicos necesitaran a la persona enferma y a sus síntomas para sobrevivir como familias. Estas familias eran resistentes a cambiar las conductas que producían y perpetuaban la enfermedad del esquizofrénico, para lo cual es posible acuñar el término de homeostasis familiar. La idea de homeostasis familiar, significa que en la familia cuando una persona realiza un cambio, uno o varios de los otros miembros, actuarán para que el primero disminuya el cambio, para mantener las cosas como están.

Antropólogo, Científico Social, Lingüista y Cibernético.

Una de las más importantes características de los estudios de Bateson, es que prestó elementos para estudiar la comunicación esquizofrénica. En ella descubrió la existencia de un fenómeno que denomino doble vínculo, o doble atadura. Estas consisten en situaciones comunicativas con dobles mensajes contradictorios. Son mensajes incongruentes, como los que pueden existir en una persona que ofrece ayuda con gesto amenazante de dominio y acusación.  Como ejemplos de estos casos destacan las investigaciones de Jay Haley en las que se conservó registros fonográficos que demostraban como un joven racional se alteraba y manifestaba comportamientos confusos y contradictorios frente a las visitas de sus padres. Su madre realizaba todo un despliegue comunicacional contradictorio que obligaba al joven a responder solamente con confusión y sintomatología. (The Family of the Schizofrenic: A Model System. Jay Haley)  Durante la década del 60 se escribieron multitud de artículos en relación a este tipo de investigaciones. En ellos quedaba demostrado que en seno de la familia esquizofrénica, existe un lenguaje, confuso, contradictorio, un lenguaje esquizofrenizante, estable, que se resiste  ser cambiado.

Psicoterapeuta.

De forma que con el avance de estas investigación y de llevar el foco de estudio al campo familiar se llegó a concluir en el libro; Sanity, Madness, and the Family, que el comportamiento de los esquizofrénicos era adaptativo en sus familias, que era una respuesta muy lógica a una interacción familiar ilógica.



Por ejemplo, en el caso de la paranoia es posible apreciar como el paciente siempre desconfiado, genera comportamiento en los otros que fortalecen su desconfianza, respuestas que a la vez justifican la desconfianza de los otros. Como manera de ejemplo, imagine usted que un joven de 15 años que experimenta un comportamiento extraño de alejamiento social y disminución de expresión afectiva (Independientemente de que esto sea una respuesta frente a su primera e intensa relación amorosa, que sabemos se relaciona con las primeras experiencias infantiles con la madre) despierta en sus familiares, supongamos principalmente su madre, una tendencia a observarlo a escondidas, a escuchar tras su puerta, revisar su celular, perseguir lo que hace, invadir sus espacios, empezar a correr la voz frente a sus cercanos y sin que él lo sepa, que está enfermo lo que lamentablemente puede ser creído por sus amigos. Lo anterior despierta conductas de discriminación y segregación de parte de los amigos del afectado, le lleva a pensar y en principio está en lo cierto, que le persiguen, que revisan sus cosas, que alguien quiere perjudicarle, que le observan. Lo anterior le lleva a alejarse más de las relaciones sociales y del lenguaje, si observamos que el lenguaje maternal parece ser el de una persona preocupada, pero es en realidad una persona invasiva y violenta con el espacio del joven, se entiende la causa de que dicho joven busque alejarse de la vía del lenguaje y ceder a la de la alucinación. Esto se da en familias donde existe una comunicación caótica y contradictoria, donde no está claro lo que se dice, pues el lenguaje está lleno de callejones.

Por supuesto el conjunto de estas conductas repetidas de manera rígida produce cambios cerebrales, como los produce toda la realidad pues, nuestro cerebro es también fruto de nuestro medio ambiente e historia.

La idea es no encerrarse en pensar que existe solamente un enfoque de estudio de las conductas humanas, que el reduccionismo no ha agotado las posibilidades de comprensión más complejas, no ha podido satisfacer el conocimiento e intervención en el campo de la salud mental, como quizás ya muchos han comprobado.  Muchas veces es necesario ampliar la mirada al contexto y profundizar en la historia. ¿Ha probado esa posibilidad?.

 
Jorge Salazar
Psicólogo Clínico y Terapeuta Familiar.






 




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