viernes, 20 de enero de 2012

Problemas de la relación terapéutica.





Muchas veces ocurre que los profesionales de la psicología trabajamos en alianza con profesionales de otras áreas en el tratamiento de las afecciones que requiere la clínica. Sin duda la búsqueda de un trabajo multidisciplinario, de moda hoy en día, podría ser sustento de tal decisión.

Sin embargo, el trabajo en estas condiciones, supone algunas dificultades que, en algunos casos pueden ser tan pronunciadas, que simplemente le hacen desaconsejable.

En el campo de la clínica una de las cuestiones que se presentan constantemente son las ganancias secundarias que proporciona el padecimiento al paciente. La búsqueda del afecto, que muchas veces mientras goza de estado de salud, no recibe. El reposo, muchas veces inalcanzable mientras disfruta de buena salud. Y la necesidad de regresar a maneras más arcaicas e infantiles de conseguir satisfacer sus deseos (impulsivas e inmediatistas), son cuestiones que generalmente se presentan en el trabajo clínico. Y que conforman parte del escenario, donde se desarrolla el drama de la enfermedad.

Estas fuerzas luchan contra la mejoría de los pacientes en tanto proporcionan condiciones de ganancia por medio de la enfermedad.

Por otra parte, principalmente son dos las fuerzas que sirven a la búsqueda del restablecimiento de la salud, o que favorecen el proceso terapéutico. En primer lugar, el sufrimiento que ocasionan los síntomas y en segundo lugar el deseo  de recuperar la salud. No mencionaré a la transferencia (tercera fuerza) en conjunto con las dos anteriores pues pienso que la transferencia requiere de algún ejercicio de parte de quien realiza el tratamiento y, en ese sentido no dependen sola y exclusivamente del paciente sino marcadamente del terapeuta.

Recordemos, de cualquier forma,  que la transferencia puede ser entendida como “el proceso en virtud del cual los deseos inconscientes se actualizan sobre ciertos objetos, dentro de un determinado tipo de relación establecida con ellos y, de un modo especial, dentro de la relación analítica. Se trata de una repetición de prototipos infantiles, vivida con un marcado sentimiento de actualidad.” (Jean Laplanche & Jean-Bertrand Pontalis. Diccionario de Psicoanálisis)

De forma que cuando una persona que sufre de sintomatología propia de las afecciones mentales, se acerca a buscar tratamiento de su problemática mediante la psicología, se acerca a un territorio donde las fuerzas o energías del aparato mental se encuentran en conflicto y cuyo abordaje le requerirá tiempo, dinero y dolor (se requiere sacar a la luz y desempolvar, experiencias cargadas de mucho sufrimiento durante el tratamiento). Mientras que por otra parte dispone de la comodidad de significan las ganancias secundarias que surgen del estado de enfermedad.

El cuadro antes descrito, pone en evidencia el peligro que supone para el curso de un tratamiento psicológico, que el paciente pueda sentir alguna posibilidad de bienestar en otro medio. Por supuesto, esta búsqueda de bienestar, irá ligada a la permanencia de la enfermedad, cuyo abordaje no se ha realizado con las herramientas de la psicología.

En otras palabras, cualquier alcance de bienestar en la enfermedad que no suponga el abordaje psicológico terapéutico, es un parche sobre la fractura de la que surge el sufrimiento del paciente. Es decir un medio insuficiente y a la vez el impedimento de tratar el problema con un medio suficiente, con la intervención psicológica. Un medio con el que se perpetúa y fortalece la enfermedad.
No es posible culpar a un paciente de buscar regalías secundarias a los síntomas que son manifestación de sus sufrimientos. Pues es una búsqueda muy natural, y como ya he planteado, es uno de los impulsos que empujan a buscar tratamiento. El problema es, permitir desde un principio, que piense que es legítimo recurrir a esa búsqueda, a esos pequeños “parches”, y así perpetuar y agravar su enfermedad.

De forma que el tratamiento con profesionales, que no manejan las herramientas de la psicología, supone en este aspecto un riesgo. ¿Quien podría culpar a una persona por tratar de acallar los síntomas que emergen de su enfermedad con fármacos, en lugar de tratar su origen, es decir, la enfermedad misma?. Recuerde usted que los fármacos, bien podrían significar muestras de afecto de parte del profesional de la medicina. Similares a dulces que un padre puede regalar a su hijo. En este sentido suponen alcanzar con un mínimo esfuerzo, rápido y hasta económicamente (más infantil e impulsivamente que con la psicoterapia) el acallamiento de los síntomas que emergen de la enfermedad mental. Sin embargo es necesario recordar, que los fármacos no son una muestra de afecto, son drogas, que traen asociados a lo menos disfunciones renales y hepáticas (y otras mucho más graves). El médico no es un padre o un hermano, es un profesional que trabaja para comer, un profesional que en su formación no cuenta con la adquisición de herramientas básicas para el abordaje de las enfermedades mentales. Para comprobarlo es posible revisar la malla curricular de la carrera de medicina de la Universidad de Chile, un médico solamente adquiere formación en temas muy alejados de la psicología y por un tiempo muy corto, no tiene formación práctica al respecto.  En otras palabras, no sabe psicología y por tanto, no tiene herramientas para abordar las problemáticas asociadas.

Por lo anterior, es necesario recalcar que el proceso de tratamiento de las enfermedades mentales es uno que requiere de un entorno íntimo, seguro y confidencial, no admite la presencia de terceros ni voyerismos.  Ni la participación de quienes pudieran facilitar la ganancia secundaria, en este contexto cobran sentido las palabras de Sigmund Freud cuando plantea: “La práctica de tratamientos combinados, en los casos de neurosis con intensas concomitancias orgánicas, resulta casi siempre irrealizable. Los Pacientes pierden su interés por el análisis en cuanto se les muestra más de un camino para llegar a la curación. Lo mejor es aplazar el tratamiento orgánico hasta terminar el psíquico, pues si se practica antes, es casi seguro que no se obtendrá con él resultado alguno”. (Freud, 1913)

No es posible seguir dos caminos para alcanzar la salud mental, al menos no es posible seguirlos al mismo tiempo, es necesaria una elección. Disminuir los síntomas o enfrentar la enfermedad que los produce.



Jorge Salazar
Psicólogo Clínico y Terapeuta Familiar.





1 comentario:

  1. gracias por la respuesta, que tanto he buscado sobre un serio problema, felicitacciones por la columna.

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