domingo, 27 de noviembre de 2011

De lo parcial al otro.


Cuando una de mis pacientes me comentaba que siempre hacia todo mal, que todos están en contra de ella, que todo el tiempo debe asumir la peor parte de todo, solamente sugería un preludio de su forma de ver el mundo, y por lo tanto a si misma. Posteriormente, la descripción que realizó de su familia era dificultosa de comprender, pues parecía un continuo salto de personas totalmente buenas a personas totalmente malas, o de pronto de la misma persona que se refería totalmente bien, posteriormente se refería totalmente mal, como si fuese otra persona. Este era un discurso de fragmentos totalizantes, de polos extremos opuestos y absolutos, más que de personas con aspectos positivos y negativos. El aspecto era todo en la persona en un momento del discurso para ser todo lo contrario en otro. ¿Desde donde es posible comprender lo que ocurre a este paciente, para quien probablemente ahora soy un psicólogo totalmente bueno y para quien probablemente en algún momento seré un psicólogo totalmente malo?.

La Psicoanalista Melanie Klein nacida en 1882, realizó grandes aportes teóricos al desarrollo de la comprensión de la humanidad. Entre ellos destaca la teoría de las relaciones objetales, que en otras palabras implica como se relaciona el ser humano con las personas que le rodean. Estas relaciones se inician en la edad infantil, y se caracterizan por ser relaciones denominadas de objeto parcial primeramente y posteriormente, en función de la madurez psíquica serán relaciones de objeto total.

En sencillas palabras, Melanie Klein plantea que el lactante siente mucha ansiedad persecutoria, responde a ella implementando mecanismos de defensa como la proyección. La proyección le permite atribuir aspectos destructivos a los objetos externos, así se libra de la ansiedad que le producen esos aspectos destructivos en su interior. Le resulta más fácil defenderse de lo que está afuera que de lo que está adentro. Producto de esta proyección el objeto se ve transformado en un objeto totalmente malo, mientras él, en totalmente bueno. Este es un objeto parcial, pues tiene sólo un aspecto.

Esto es similar al ejercicio que realiza mi paciente. Un proceso que coexiste con distintas afecciones psicológicas. Un fenómeno que, para permitirle huir de la ansiedad persecutoria, le tiene atrapada entre objetos parciales, escindidos, que primeramente tiende a idealizar (totalmente buenos) y posteriormente a devaluar (totalmente malos). El problema es que ella siempre toma el aspecto contrario en esta proyección extrema, y por tanto se devalúa e idealiza alternadamente y de manera absoluta a si misma.

Entonces es una persona con un yo frágil que tiende a escindirse y a escindir a quienes les rodean. Ahora bien, también es posible que no solamente sea el Yo el frágil, sino las ansiedades persecutorias las demasiado intensas, esto puede conducir a, en cualquiera de los dos casos, la paranoia.

¿Pero cómo podría ocurrir este fenómeno arcaico que termina a los aproximadamente 4 meses de vida del lactate en una persona adulta?.  Melanie plantea que esta forma de respuesta no es una fase, sino una posición que puede presentarse durante toda la vida y como no, si los tiempos de la mente humana no son acordes a los del reloj. Al respecto “Quizá debimos conformarnos con aseverar que lo pasado puede persistir conservado en la vida anímica, que no necesariamente se destruirá... Lo que sí tenemos derecho a sostener es que la conservación del pasado en la vida anímica es más bien la regla que una rara excepción” (Freud, 1929).

La invitación es a reconocer que todos tenemos aspectos positivos y negativos, que no hay absolutos en el ser humano. No hay seres humanos absolutamente buenos o absolutamente malos. Entre los seres humanos y en cada uno existe el contraste, la diferencia, múltiples aspectos positivos y negativos. Esta es la riqueza del ser humano, riqueza que si nos damos el tiempo, podemos descubrir y disfrutar en cada persona.


Jorge Salazar.
Psicólogo
Cel. (09) 8 222 83 68

lunes, 21 de noviembre de 2011

El prejuicio inevitable en el acceso a lo novedoso.



Pocas veces reflexionamos acerca de cómo nos acercamos a enfrentar nuestras experiencias cotidianas. Estas experiencias tienen que ver con el conocimiento de objetos, interacciones, personas, grupos sociales, ideas, valores, etc. La verdad es que cuando nos enfrentamos a experiencias cotidianas nunca lo hacemos descubiertos, jamás somos una tabla rasa. Traemos con nosotros nuestra historia, nuestras experiencias anteriores, nuestras expectativas. De tal forma que cuando tenemos contacto con lo novedoso lo primero que ponemos en aquello es lo antiguo, configuramos de esta forma un prejuicio basado en nuestras percepciones anteriores. Este prejuicio nos puede ayudar a plantear hipótesis, a experimentar sentimientos o simplemente a responder de una determinada manera frente a “lo novedoso”.

Hace tiempo, quienes estamos formados en las disciplinas psicológicas sabemos que los seres humanos no percibimos, sino que apercibimos. Es decir, todo aquello con lo que tenemos contacto está teñido de nosotros mismos, he implica la puesta de nuestra individualidad en lo percibido que ya no será puro, sino que será apercibido.

¿Pero, que visión deberíamos tener de los prejuicios?. Como es posible concluir de lo anteriormente planteado, los prejuicios son inevitables en el contacto con lo nuevo y distinto, pero no sólo son inevitables, sino positivos en tanto nos permiten echar mano de antiguas herramientas recibidas para la adquisición del nuevo conocimiento. Los prejuicios pueden ser fundamento de hipótesis de estudios, científicas o de cualquier índole. Hipótesis útiles para anteceder y ser base de nuestros comportamientos.

¿Cuándo se convierte en nocivo un prejuicio?. Un prejuicio se convierte en nocivo cuando no nos permite acceder a lo novedoso adquiriendo nuevas herramientas ni nuevos conocimientos. Es decir, un prejuicio es nocivo cuando nos impide conocer, en lugar de ser sustento de nuevo conocimiento.

Un prejuicio es nocivo cuando nos aferramos obsesivamente a él, negándonos nuevas experiencias para corroborar su solidez y las variaciones que la realidad le ofrece, cuando en lugar de abrirnos una puerta a lo novedoso nos la cierra. En otras palabras, en el prejuicio nocivo hay mucho en común a todos los comportamientos cercanos a lo patológico, esto es la rigidez. En este caso, como en muchas otras conductas humanas, lo rígido es patológico, en tanto la flexibilidad se asocia a la posibilidad de variar conductas y de adquirir nuevas herramientas para enfrentar la realidad.

Una de las mayores actividades que es posible realizar en el trabajo terapéutico, es justamente facilitar la flexibilidad necesaria para todo tipo de conducta. La flexibilidad implica romper, muchas veces, las rejas y muros de la enfermedad mental.

La invitación es a flexibilizar, abrir las puertas a nuevos conocimientos y conductas, a no impedirnos rígidamente el conocimiento de lo novedoso y el conocimiento del otro en función de prejuicios demasiados rígidos, prejuicios patológicos. Puedes permitirte conocer a nuevas personas, nuevas posturas, nuevas ideas, nuevas experiencias. Y puedes permitirte RE-conocer lo que crees que ya conoces. Todo día puede ser una agradable novedad y no una rígida amenaza.


Jorge Salazar.
Psicólogo
Cel. (09) 8 222 83 68
www.psicoterapeuta.cl




viernes, 18 de noviembre de 2011

La inhibición y tristeza son parte del proceso de duelo.





Cuando enfrentamos una pérdida importante o cambio significativo, es natural experimentar alguna tristeza. El contacto con dicho afecto está implicado en la elaboración del duelo. El proceso de duelo implica recordar, lo que se ha perdido, una y otra vez, desmantelando en el proceso los afectos ligados a lo perdido.

Los antidepresivos, pueden impedir el curso natural de este benéfico proceso, alterando la química cerebral, principalmente por tres vías. La inhibición de la monoamino oxidasa, inhibiendo la recaptación de Serotonina o/u inhibiendo la recaptación de Noradrenalina cerebral.

Los antidepresivos que inhiben la secreción de monoamino oxidasa (MAO), disminuyen la concentración de esta substancia química que destruye los neurotransmisores en el espacio sináptico. La no destrucción de los neurotransmisores por la inhibición de la MAO, produce que se mantenga el impulso nervioso, de esta forma, los antidepresivos inhibidores de la MAO, surten un efecto estimulante.




Otros antidepresivos Inhiben la recaptación de serotonina. La serotonina en un neurotransmisor producido principalmente en los núcleos de rafe del tronco encefálico, relacionado con la sensación de saciedad, y cuyo descenso se ha sido ligado a la tristeza y depresión.  Al inhibir su recaptación o salida del espacio sináptico (de la serotonina), se le permite mantener el impulso nervioso que ella provoca en dicho espacio. Lo anterior genera un efecto gratificante de satisfacción.

Algunos fármacos elevan simplemente el nivel de noradrenalina cerebral, substancia química producida principalmente en el locus coeruleus en el piso del cuarto ventrículo, en el tronco cerebral. La noradrenalina es un neurotransmisor estimulante cerebral, en ese sentido los fármacos producen estimulación.





De esta forma, despertado sensaciones y afectos incongruentes, que no concuerdan con la vivencia, a partir de medios sintéticos, los antidepresivos interfieren el proceso de elaboración del duelo, obstaculizando el contacto con el natural afecto de tristeza y dolor. De forma que obstruyen el proceso natural, gracias al que es posible posteriormente recuperar la capacidad de interés en otras cosas y mantener un recuerdo agradable de lo perdido. Además de esto abren las puertas al fenómeno de dependencia a los psicofármacos.

Existen estudios que relacionan a las drogas antidepresivas con la aparición de ideas suicidas, en pacientes que antes del consumo no las tenían. Han sido relacionados con el suicidio mismo y con conductas muy violentas que han implicado muertes de muchas personas. De la misma forma su administración prolongada ha sido relacionada a problemas cardiacos y de dependencia.

La invitación es a vivir y elaborar la propia tristeza, a no atribuir capacidades mágicas a los fármacos, a confiar en nuestro cerebro, la farmacia natural, que genera lo mejor de las substancias químicas que necesitamos. Es conveniente permitirle enfrentar los problemas, dejarlo trabajar.

Jorge Salazar
Psicólogo Clínico y Terapeuta Familiar.






miércoles, 16 de noviembre de 2011

El remedio fácil puede resultar ser muy costoso.


En la administración prolongada de fármacos, se producen cambios en la estructura y funcionamiento del cuerpo humano. Dejamos de ser quienes somos.

Los receptores celulares son proteínas, extensiones de las membranas de las células. Cuando las sustancias químicas de los fármacos se unen, por afinidad a esos receptores, producen cambios de conformación química que permite el funcionamiento de dicho fármaco, es decir el efecto.

Sin embargo cuando los receptores celulares disponen de demasiada sustancia química disponible para ellos (por administración de fármacos prolongada) La célula ordena que se produzcan menos receptores, y por tanto disminuye el efecto del fármaco. Se debe, entonces, subir la dosis. El gran problema es que para que los fármacos salgan del organismo deben ser destruidos, y eliminados, procesos que se desarrollan principalmente en el hígado y los riñones. Por tanto la administración de fármacos de manera creciente a causa de la regulación a la baja (mecanismo por el que se producen menos receptores), produce que cada vez se esfuercen más los riñones y el hígado. Efectivamente la administración prolongada de fármacos  no solo puede producir que dejen de generar efecto a la misma dosis, sino también problemas renales y hepáticos muy graves.

De ahí que el remedio fácil, el de los fármacos, para cuestiones que pueden ser tratadas sin ellos, puede terminar siendo el remedio más costoso. Productor de daños irreparables.

Esto está planteado para todos los fármacos, en el caso de los psicofármacos, les dejo este video para que se hagan una opinión.

No juegues con fármacos y acude a un buen profesional, puede ser cuestión de vida o muerte.

Jorge Salazar
Psicólogo Clínico y Terapeuta Familiar.
 





























martes, 15 de noviembre de 2011

Una primera lectura de aproximación al psicoanálisis y la importancia de la palabra en el tratamiento.









Un amigo me preguntó que podía leer para entender algo de psicoanálisis. Si bien yo no soy psicoanalista, he accedido a alguna formación en ese dominio. Una buena lectura para iniciar alguna idea al respecto es el texto de Freud “1° Conferencia de Introducción al Psicoanálisis”. Esta es una buena lectura, pues se desprende de conferencias realizadas por Freud en un lenguaje muy simple. Por otra parte, fueron conferencias entregadas a médicos, es decir personas que no saben nada de psicoanálisis. Dejo una cita que me parece aclara, a groso modo, de que trata el asunto. No esta demás informarse:



“En la enseñanza médica se han habituado ustedes a ver. Ven el preparado anatómico, el precipitado en la reacción química, la contracción del músculo como resultado de la estimulación de sus nervios. Más tarde, se exhiben a los sentidos de ustedes los enfermos, los síntomas de su enfermedad, los productos del proceso patológico y, en muchos casos, hasta el agente de la enfermedad en su estado aislado. En los departamentos de cirugía son testigos de las intervenciones mediante las cuales se procura aliviar al enfermo, y tal vez ustedes mismos ensayen ejecutarlas. También en la psiquiatría la presentación del enfermo con sus muecas, sus modos de decir y su conducta alterados les sugiere una multitud de observaciones que dejarán en ustedes una impresión profunda. Así, el profesor de medicina desempeña predominantemente el papel de un guía y de un intérprete que los acompaña por un museo mientras ustedes obtienen un contacto inmediato con los objetos, y, por medio de su propia percepción, se sienten convencidos de la existencia de los nuevos hechos.


Por desdicha, en el psicoanálisis todo es diverso. En el tratamiento analítico no ocurre otra cosa que un intercambio de palabras entre el analizado y el médico. El paciente habla, cuenta sus vivencias pasadas y sus impresiones presentes, se queja, confiesa sus deseos y sus mociones afectivas. El médico escucha, procura dirigir las ilaciones de pensamiento del paciente, exhorta, empuja su atención en ciertas direcciones, le da esclarecimientos y observa las reacciones de comprensión o rechazo que de ese modo provoca en el enfermo. Los parientes incultos de nuestros enfermos a quienes solamente les impresiona lo que se ve y se palpa, de preferencia las acciones como se ven en el cinematógrafo, nunca dejan de manifestar su duda de que «meras palabras puedan lograr algo con la enfermedad». Desde luego, es una reflexión tan miope como inconsecuente. Es la misma gente que sabe, con igual seguridad, que los enfermos «meramente imaginan» sus síntomas. Las palabras fueron originariamente ensalmos, y la palabra conserva todavía hoy mucho de su antiguo poder ensalmador. Mediante palabras puede un hombre hacer dichoso a otro o empujarlo a la desesperación, mediante palabras el maestro trasmite su saber a los discípulos, mediante palabras el orador arrebata a la asamblea y determina sus juicios y sus resoluciones. Palabras despiertan sentimientos y son el medio universal con que los hombres se influyen unos a otros. Por eso, no despreciemos el empleo de las palabras en la psicoterapia y démonos por satisfechos sí podemos ser oyentes de las palabras que se intercambian entre el analista y su paciente.” Sigmund Freud (1916[1915]) 

Recomiendo leer texto completo.
Jorge Salazar
Psicólogo Clínico y Terapeuta Familiar.




lunes, 14 de noviembre de 2011

Importancia del dibujo.



Hace más de 15000 años, en plena prehistoria,  fueron grabados en las cuevas de Altamira, los dibujos más antiguos, realizados por el ser humano.  En ellas se manifiestan los autores y representan su cultura.

La comunicación por este medio es notablemente más antigua que la de la lengua escrita y permite acceso al riquísimo mundo interior de quien se plasma en los dibujos que realiza, evitando algunos impedimentos que puede implicar la expresión escrita. La que por otra parte no está al acceso, por edad o educación, de todas las personas.

El tamaño y la temática del dibujo, el lugar que ocupa en la hoja, la firmeza del trazo, la cantidad de fuerza con que se carga el lápiz, etcétera. Todos los anteriores son manifestaciones que pueden dar cuenta de las características de la personalidad de quien dibuja, de lo que está pasando en su vida y de lo que puede estar bloqueando su desarrollo y bienestar. 

 
En el interior del proceso psicodiagnóstico clínico, comúnmente se asocia a las pruebas psicológicas que involucran dibujos con la psicología infantil. Sin embargo, el registro es una buena manera de acceder a información profunda de las personas adultas y los mecanismos con los que enfrentan sus problemáticas. De forma que puede clarificar enormemente un diagnóstico y expresar muchísimo de las características de la estructura de personalidad y mecanismos de defensa.

Para dibujar es necesario disponer de algunas funciones cerebrales y capacidades de locomoción que pueden ser evaluadas a través de esta acción. Lo que le puede constituir como prueba de trastornos mentales orgánicos, es decir producidos por lesión o disfunción de la estructura y/o función cerebral. Al respecto existe una prueba tan simple como el Test del Dibujo del Reloj (CDT en inglés).

Dibujar es comunicar, es decir algo. Una forma de poner fuera aquello que produce tensiones en el interior. El dibujo en los niños, junto con el juego o como forma de jugar, puede ser visto como un antecesor del trabajo. La invitación es a dibujar, recuperar esta forma de comunicación. Observar los dibujos de tus hijos y dibujar con él. Si no eres psicólogo puedes preguntarte primeramente ¿Qué es lo que me produce este dibujo?. De esta forma acercate a ti y la emocionalidad que genera el dibujo, tus sentimientos pueden ser un indicador.


Si un dibujo te preocupa, ya sea por su contenido, trazos, colores que utiliza o no, también puedes consultar con un profesional, pues el dibujo puede constituir una forma de pedir ayuda. Una forma de comunicar.

Jorge Salazar
Psicólogo Clínico y Terapeuta Familiar.



sábado, 5 de noviembre de 2011

Ritalin, la droga milagrosa II.


Recibí un interesante comentario a mi escrito “Ritalín, la droga milagrosa”.  Esto me invitó a compartir la respuesta a dicho comentario:

Hola, me parece interesante tu comentario. Aradix no es un nuevo ritalin, es el mismo ritalin de siempre, solamente con otro nombre comercial. El químico activo principal es el mismo y se llama metilfenidato. Una droga anfetamínica. 

Efectivamente los niños suelen ser inquietos, se comportan de esa manera en función de su desarrollo neurológico, eso lo sabe cualquier neurólogo. De la misma forma, cualquier neurólogo sabe que la corteza prefrontal, relacionada con la inhibición de conductas impulsivas, la capacidad de planificar estrategias para alcanzar objetivos y de adecuar el comportamiento al contexto, termina de desarrollarse naturalmente a los 16 años. No antes. 

Probablemente este es uno de los factores por los que los niños son muy sensibles a los cambios ambientales, estos repercuten fácilmente en su comportamiento.  Los cambios ambientales pueden repercutir de manera diversa, en función de la historia de ese niño, de su constelación familiar, escolar, etc.
Muchas veces, uno de los problemas que tienen que ver con la desatención y desconcentración de los niños, pueden estar relacionados a que no tienen ninguna motivación por el comportamiento opuesto. Es decir “un niño no se queda quieto”, “no se concentra”, etc. Es asunto es ¿Por qué debería quedarse quieto o concentrarse?. O ¿Qué es lo que le lleva a no hacerlo?.

Imagino lo dificultoso que puede ser el ejercicio de la pedagogía en Chile. Los profesores son unos de los profesionales más denostados y menospreciados actualmente. Esto, se deja ver en los sueldos que pueden recibir y en el poco prestigio social que se les asigna.  La carga es aún más pesada cuando los deseos y necesidades de las personas más pobres y sencillas de Chile, son desplazados a la educación y los profesores. De forma que el profesor debe hacerse cargo que los pobres dejen de ser pobres a través de la educación. Hoy está estadísticamente comprobado que no es la educación la que acaba con la pobreza, por ejemplo, los profesionales que provienen de sector socioeconómico más complicado ganara menos dinero que el que viene de sector socioeconómico alto. Por otra parte, los puntajes en las diversas pruebas de conocimientos manifiestan, muchas veces un reforzamiento y agudización de las desigualdades perpetuadas por el actual sistema educativo en la mayoría de los casos.

En consecuencia, tenemos profesores que trabajan en varias jornadas para alcanzar una retribución acorde a otros profesionales, con pautas de enseñanzas y evaluación que no son les son consultadas. A lo anterior se suma que están depositados en ellos los deseos, e ilusiones de los más pobres por dejar de ser pobres. Profesores que, muchas veces, realizan su trabajo en condiciones sumamente hostiles, con un número desproporcionado de estudiantes que a la vez pueden llevar en sí el registro de vivencias mucho más dolorosas y complejas que las que esperaríamos lleven esos estudiantes.

De esta manera, la búsqueda de las motivaciones, causas o factores involucrados en la desatención e inquietud de un estudiante resultan complejos, como resulta complejo remediarlo. De ahí que parece fantástico (de la fantasía) que un fármaco “solucione el asunto”. 

¿Cuáles pueden ser los costos?. Existen muchísimas muertes de niños secundarias a la administración de ritalin (aradix o metilfenidato, es lo mismo). En otros casos la aparición de psicosis muy difícil de distinguir de la esquizofrenia y muchísimos otros efectos que nos obligan a caer desde la fantasía a la realidad.
En lo Personal he trabajado con jóvenes que recibieron esta droga y he podido captar el dolor que implicó la experiencia. Me llamó la atención uno de los relatos en que describía la vivencia como un encadenamiento. Como si le pusieran un chaleco de fuerza, como si perdiera la vitalidad y, lo más triste cuando la vitalidad volvía y se empezaba a sentir mejor, ya era hora de dormir, había acabado el día.
Uno de esos relatos me marcó, como me marco la existencia de organización de padres de niños matados por el ritalin (aradix o metilfenidato).

Pienso siempre en estudiar con mucha dedicación estos casos antes de aproximarme a la fantástica droga milagrosa. Pienso ensayar cuidadosamente diversas estrategias de enfrentamiento de las problemáticas, antes de la intromisión de una contención o encadenamiento químico de un ser humano, antes de recurrir a una fantástica (fantasía) droga milagrosa. Sin embargo es una cuestión de criterio y no todos los profesionales se conducen de la misma forma. Evidentemente los que se conducen de otra forma, no tienen porque desear hacer daño, es probable que trabajen con la mejor de las intenciones. 

En definitiva, ¿Qué es lo que las pastillas no pueden curar?, y ¿para qué vas al médico sino a que te entregue pastillas o licencias médicas?. Estas dos últimas preguntas probablemente tengan relación a fantasías que tenemos como sociedad, a nuestro imaginario. Pero ¿Cuál es la realidad? O ¿qué realidad estamos creando en función de esas fantasías?.

Lo positivo de esto, es que en nuestras manos está la continua construcción y reconstrucción social.

Jorge Salazar
Psicólogo Clínico y Terapeuta Familiar.





* Les invito a ver el esclarecedor video al final de la nota. En él, Thomas Szasz (nacido el 15 de abril de 1920 en Budapest, Hungría) Autoridad intelectual y profesor emérito de psiquiatría en la Universidad de Siracusa en Nueva York.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

¿Son los trastornos del estado de ánimo esencias inmutables o construcciones sociales?

Frederick & Jamison (1950), plantean que los médicos de la antigua Grecia concebían a los trastornos mentales en términos que suenan muy modernos, pues creían que la melancolía era una manifestación psicológica de una perturbación biológica subyacente, en concreto, una perturbación de la función cerebral. Esta visión, es incoherente con la manera de entender el sistema nervioso que otros autores atribuyen a dicha cultura. Es destacable al respecto mencionar que para Aristóteles quien viviera en la Grecia clásica, es decir, más cercano a nuestro tiempo que los médicos de la Grecia antigua, el cerebro estaba reducido a ser entendido como un órgano provisto de líquido, un gran radiador a través del cual perderíamos calor. De forma que para Aristóteles las características psicológicas fundamentales estaban relacionadas con el corazón, órgano que según sus experiencias con disecciones, es el primero en desarrollarse en el ser humano y no con el cerebro, como Frederick & Jamison plantean que ya era conocido en la antigüedad, antes de Aristóteles.

¿Qué es posible concluir de la aseveración de Frederick & Jamison?. Me parece que lo que refieren los citados autores, es que desde la antigua Grecia las nociones y conceptos relacionados a la salud mental y al ser humano, siguen siendo los mismos. Por tanto, las “realidades” a las que refieren son inmutables, verdaderas esencias que se manifiestan gracias a sus expresiones, los síntomas.

La realidad de la evolución del conocimiento humano y de las nociones y conceptos relacionados a la salud mental, lejos de concordar con esta visión actual de Frederick & Jamison, demuestran todo lo contrario. Demuestran más bien la hipótesis tras el presente escrito, esta es: que las enfermedades o trastornos mentales no son esencias inmutables que estarían tras una fenomenología determinada. Los atributos de dicha fenomenología y por tanto, el carácter de las supuestas esencias, han sido inventados y modificados durante el tiempo. Son por tanto una construcción social, dependientes de su historia y de un contexto que les da sentido y legitimidad.

La hipótesis contraria me parece no solamente errónea, sino francamente iatrogénica, en tanto supongo podría facilitar el empeoramiento del estado del paciente producto de la influencia del médico y del poder que les ha atribuido la sociedad. ¿Quién dudaría de la palabra del médico?. ¿Quién dudaría de la palabra de tan connotados y prestigiosos autores?.

A partir del discurso de los autores citados, la enfermedad que el paciente puede atribuirse a causa del discurso médico o de su propia convicción, sería una arcaica e inmutable, una esencia para el paciente. En ese entendido, ¿Qué posibilidades de cura le queda?. Y si está afincada en el sistema nervioso, en el cerebro, ¿que es posible que el paciente haga para su mejoría, sino introducir al mismo sustancias que cambien su composición?.

El asunto de fondo y que considero positivo destacar, es que los cerebros no se forman de la nada, son formados en relación a las vivencias que las personas experimentan. Por ejemplo, si algo amenaza a una persona se secretaran sustancias químicas en el interior del cerebro, que modificaran su estructura y sus características, más aún si el estímulo es mantenido en el tiempo. Reitero, todas las experiencias van construyendo los cerebros. También participan en esa construcción factores como la alimentación y el intercambio gaseoso.

En el curso de la construcción y modificación de las ideas de la Salud mental, la idea de melancolía que inventarán los médicos griegos, es similar, pero no idéntica, a la recientemente inventada “depresión mayor”.

El Médico Griego Hipócrates y su escuela (siglo IV a V a. de C) se refieren a los melancólicos como unos enfermos con "aversión a los alimentos, abatimiento, insomnio, irritabilidad e inquietud"(Jackson, 1986, p.30). Lo anterior describe a la melancolía como un trastorno mucho más amplio que la actual depresión mayor, considerando que en la nosología griega prácticamente todas las patologías psicológicas eran calificadas como “manías” o “melancolías”.

La explicación en relación a la etiología o causa de la melancolía que propone Hipócrates, también difiere de las actuales propuestas de la psiquiatría. Al respecto, Hipócrates explica la causa de la melancolía, desde su teoría de los humores, es decir, de los líquidos del organismo. En la teoría de los humores, se atribuye la salud al equilibrio entre ellos. De forma que el exceso o déficit de alguno de los cuatro fluidos: bilis negra, bilis amarilla, flema y sangre, estaría a la base de las enfermedades que puede experimentar el ser humano. Quienes poseen exceso de Bilis negra son, según esta idea, los melancólicos. Etimológicamente melancólico se deriva de Mela: μέλας "negro" y khole : χολή "bilis".  Insisto en que es distinta la idea de melancolía proveniente de la medicina griega y la que conocemos hoy en la actual nosología (clasificación de las enfermedades), donde el término más similar es “depresión mayor”, que no tiene ninguna o muy poca relación, con la distribución de los líquidos del organismo. En otras palabras, los conceptos, tanto en su forma como en su contenido, han cambiado a través de la historia, refieren de distinta forma, a cosas diferentes.

Más Adelante en la evolución de la construcción de los trastornos mentales, aproximadamente en el 150 aC Arataeo plantea de los melancólicos: “Tienden hacia la depresión y la ansiedad... no obstante, si perdura esta situación de ansiedad, entonces en la mayoría de los casos se observa alegría e hilaridad, lo cual suele finalizar en la manía” (Citado por Goodwin y Jamison, 1990, p.58).

Solamente en el 1900 Dc. la manía es transformada en un conjunto de signos y síntomas específicos y la Melancolía se trasformó en un concepto asociado al afecto de tristeza.

Por otra parte, el término manía, hoy relacionado específicamente con la fase del estado de ánimo en que los pacientes manifiestan una hipertrofia y exaltación del Yo, no concuerda perfectamente con la noción de los griegos, para quienes la manía era asociada a todas las denominadas locuras.

Actualmente, la denominada fase depresiva, utiliza un sitial similar al de la fase maniaca en cuanto a categoría, pero opuesto en cuanto a características, y la depresión mayor se caracteriza por la existencia de fases depresivas.

Falret describe la interacción de estas dos fases en una enfermedad única, la denominada “locura circular”. Hoy, la idea sucesora,  que representa cuando estas fases depresivas están intercaladas en su aparición por fases maniacas, es denominada “trastorno afectivo bipolar”. Como vemos los términos y su fondo han cambiado muchísimo.

Posteriormente en la historia de la salud mental se utilizó de manera indistinta la noción de depresión y la de melancolía. Más tarde, la palabra melancolía fue utilizada para referirse a las depresiones más graves, al igual que la noción de “gran depresión” y depresión endógena. Como ya he planteado, hoy no se utiliza la palabra melancolía, en su lugar la etiqueta contemporánea es la de depresión mayor.

Con la aparición del primer Manual de Estadísticas y Salud Mental DSM I apaerecen dentro de los denominados trastornos psicóticos  las llamadas “reacción psicótica involutiva” y las “reacciones afectivas”. Dentro de las últimas se inscribían la reacción maníaco-depresiva, de tipo maniaco, tipo depresivo y la reacción depresiva psicótica acompañadas de la  reacción depresiva psiconeurótica y el trastorno psiclotímico de la personalidad. La lista de supuestas patologías, se trasforma y reconstruye con el DSM II, DSM III, DSM IV, DSM IV R y el reciente DSM V.

 Según el objetivo del presente escrito, no es pertinente indagar de manera meticulosa en cada una de estas etiquetas y los fenómenos a los que aluden, sino más bien demostrar que han existido muchos nombres y distintos fenómenos que los justificarían, durante la historia de los hoy denominados trastornos del estado de ánimo. Vuelvo a la idea central de que las etiquetas utilizadas en las distintas clasificaciones son creaciones, y lejos de referirse a esencias inmutables, a realidades, implican una búsqueda de explicación a través de la clasificación. Lo anterior, muy relacionado con el contexto histórico-social en el que emergen y del que son producto.

De la misma forma, han variado con el tiempo la manera en la que se enfrentan las enfermedades mentales. Me resulta interesante el recorrido que realiza el intelectual francés Michel Foucault al respecto en su texto: historia de la locura en la época clásica. En él, el autor se refiere al modo de responder a la locura en Europa, sin desconocer su ligazón con otras enfermedades y maneras de enfrentarlas. Relaciona como se enfrentaba la lepra primeramente en la Edad Media, con la manera en que serán enfrentadas posteriormente las enfermedades venéreas y finalmente la locura. La tónica de tratamiento es, según el recorrido histórico e interpretativo que propone el autor: La exclusión, el confinamiento, el encierro, encapsulamiento, en los leprosorios, que posteriormente serán los manicomios. De esta forma, el sometimiento a  un trato inhumano, serán la manera de enfrentar los problemas de la Salud Mental.

En relación a como se trataba la melancolía en la antigüedad, Foucault plantea: “En la época clásica es costumbre explicar la melancolía inglesa por la influencia de un clima marino: el frío, la inestabilidad del tiempo, las gotitas menudas que penetran en los canales y fibras del cuerpo humano, le hacen perder firmeza, lo predisponen a la locura. De esta forma se refiere a la melancolía como “una tristeza continua e inmotivada”.

Si bien, un recorrido histórico en relación a los trastornos afectivos, la forma de enfrentarlos y las causas a los que son atribuidos puede ser mucho más meticulosa que este modesto escrito, vuelvo sobre la idea central que lo articula: que las enfermedades o trastornos mentales no son esencias inmutables que estarían tras una fenomenología determinada. Los atributos de dicha fenomenología y por tanto, el carácter de las supuestas esencias, han sido inventados y modificados durante el tiempo. Son por tanto una construcción social, dependientes de su historia y de un contexto que les da sentido y legitimidad.

Jorge Salazar.
Psicólogo
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