domingo, 18 de julio de 2010

Pero, ¿Qué es lo que tengo?

Reflexión desde la clínica.


La Pregunta que lleva por título este artículo fue pronunciada por una de mis pacientes cuando asistía a su primera sesión de terapia. La pregunta es algo curiosa ya que puede ser sustraída del contexto e interpretada casi mágicamente en diferentes orientaciones. Por una parte, me parece significar, luego de una detenida reflexión, la necesidad de tener algo en una acepción de poseer. ¿Será posible que una persona frente a determinadas exigencias anímicas decida (inconscientemente) que necesita tener algo?. ¿Sera tal la sensación de pérdida que una persona sienta que lo perdió absolutamente todo y se acerque al clínico con la esperanza de que el nombre de una supuesta afección, trastorno o síntoma venga a llenar la experiencia de vacío, secundaria a dicha perdida?, es decir, una entidad teórica venga a llenar su vacío. El fenómeno de la pérdida, el duelo y la respuesta humana ante este acontecimiento denominada depresión ha sido cuestión de variadas y profundas reflexiones, que no viene al caso tratar en este artículo.

Por otra parte, es también posible plantearse la pregunta de “¿Que tengo?” como la puesta inconsciente del paciente en el paradigma médico que supondría que aquello que el paciente no sabe es una certeza absoluta para otro (médico) que de manera, también mágica, estaría capacitado para saber de otro ser humano lo que este no sabe. De este punto de vista se desprenden varias cosas, que al que he denominado paciente, piensa que todos los seres humanos somos iguales y absolutamente cognoscibles, haciendo caso omiso de la escaza probabilidad que existe de que todos hallamos vivido las mismas vivencias y compartamos el mismo material que biológicamente nos dispondría a experimentar las experiencias de la misma manera, de esta forma, no existiría para esta persona, la posibilidad de dudar ni reflexionar en función de la diferencia de los seres humanos, ni de su propia diferencia, no viene al caso tratar en este pequeño escrito, la fenomenología, ni mucho menos, el trasfondo psicodinámico de las afecciones relacionadas con la identidad, con el “sí mismo”, con el “self”, o como se le quiera llamar. En esta última orientación también me es posible asociar la vivencia a la magnífica frase que Nietzsche plasma en su texto “El anticristo”, en el que aludiendo al hombre moderno escribe: “Estoy completamente desorientado, soy todo lo que está completamente desorientado”. Desde este punto de vista la cuestión por la pregunta del síntoma se plantea de forma muy diversa a la anterior y permite suponer como si existiese un camino, como si no todo estuviese perdido, como si existieran fuerzas para seguir el rumbo, y por lo tanto existiesen puertos a los cuales llegar, y lo que faltaría en este caso no es entonces absolutamente todo (como en algún caso depresivo o de duelo) sino más bien aprender que dirección seguir para llegar al objetivo deseado. Es interesante que los pacientes de los denominados “trastornos de personalidad” generalmente saben lo que quieren conseguir, pero no saben cómo conseguirlo y la manera de utilizar las herramientas que le deberían ayudar a conseguir sus objetivos, al contrario, les resultan paradójica alejándoles cada vez mas de los mismos.

A manera de conclusión y para no aburrir a mi lector, me gustaría jugar a responder esta pregunta y generar una tentativa lúdica de respuesta, pues ese “que tengo” me envolvía como terapeuta, toda vez que en el campo clínico estaba involucrado y pienso que desde dicho campo es legítimo transformar la pregunta y con este nuevo enfoque plantear “¿Que tenemos?”, para luego responder: Tenemos un espacio, un espacio para pensar algunas cosas que en otro espacio no sería posible y nos tenemos involucrados en ese pensamiento, es decir, en el campo clínico.



Jorge Salazar
Psicólogo Clínico y Terapeuta Familiar.







2 comentarios:

  1. No me cabe duda, Jorge,y su artículo está espléndido como el resto de las entradas que he leído en su blog. Pero me gustaría también recalcar que ese "qué es lo que tengo" también obedece a unos síntomas, que a uno - que no está metido en el campo de la psicología- asustan e impresionan. Por eso creo que, no es tanto el "desear" tener algo, como dar un nombre, una edintificación, un "algo conocido" entre tanta sensación tan desconocida como cercana.

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    1. Me parece muy certera e interesante tu perspectiva. Gracias por el aporte de tu comentario. Te invito a visitar mi web: www.psicoterapeuta.cl Saludos.

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